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Una interesante novela que te atrapara...

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Cápitulo 2.

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  Viaje.

El viaje había comenzado.

 Su destino era llegar a Santa Cruz, luego, cambiar de colectivo a uno que lo lleve rumbo al campamento Schnerider. Tardarían aproximadamente un día y medio en llegar a Río Gallegos, la capital de Santa Cruz, donde vivía la mejor  amiga de Natalia, Roció.

Juan decidió sentarse al final al lado de la ventana y Natalia, no tuvo más opción que seguirlo. Su hermano, ni bien se sentó, agarro su celular y llamo al mejor amigo de su papá fallecido, ahora socio de Juan, para ver como iban las cotizaciones de su empresa. Natalia no pudo evitar sentirse molesta con la actitud de su hermano y  miro hacia la ventana. Vio como los tres amigos que hoy había visto cuando bajo del taxi, estaban hablando con la coordinadora María. Entonces se acordó del interesante chico que había visto. Algo en el le llamo la atención, definitivamente no era el chico mas hermoso que ella haya conocido, pero si el que mas la cautivo en sus cortos dieciséis años. Era un chico de tez morena, alto, de ojos verdosos y grandes, pelo rebelde y castaño, y rastros perfilados. Parecía sacado de esas películas de acción, ya que su cuerpo era musculoso y se notaba que era un chico intrépido; pero eso no era lo que había llamado su atención, sino su mirada; tenía una mezcla de vanidez y de tristeza.

El chico apareció en el colectivo y avanzo junto a sus amigos y Natalia  lo miró atrevidamente. A simple vista se notaba que era canchero y rompecorazones.
Hablo con sus amigos como sentarse y decidieron que el se sentara solo y que sus otros dos amigos juntos. Natalia cuando levanto la vista hacia ellos, noto que la observaban y ella se ruborizo al darse cuenta. Se dio media vuelta hacia su hermano y se hizo la desentendida.

Carlos la observo un rato, hasta que subió la coordinadora anunciando que se sienten para comenzar el viaje. El consiguió ocupar el lugar de atrás de Natalia, y sus amigos atrás de él. Se puso los auriculares de su iPod y escucho música mirando hacia la ventana y viendo como dejaban atrás la costanera e iniciaban el viaje.

Natalia, por su parte, se había quedado dormida en el primer tramo. Cuando se despertó, faltaba media hora para bajar a comer algo. Su hermano todavía seguía hablando y se dio cuenta que su mamá había echo bien en enviarlo junto a ella al Campamento, necesitaba un cambio.  Sin querer seguir pensando en el tema, Natalia miró hacia atrás, donde se encontraba Carlos escuchando música. Tenía mucha curiosidad por conocerlo en el Campamento.

Carlos bajo con su Ipod y no se detuvo a esperar sus amigos. No tenía hambre, por lo que fue directo a la estación de servicio. Quería comer algo rápido. Fue a buscar una coca, y luego, unas papa fritas Lays. Cuando quiso agarrar el paquete, sintió que alguien también tironeaba de él.

Carlos levantó la visto y se encontró con la dulce mirada de la chica colorada que sonreía con vergüenza. Al notar que ella decía algo con los labios se saco los auriculares.

-       Discúlpame, agarra vos nomás.-ofreció la chica. Carlos pensó que tenía una dulce voz.- Yo me compro otra cosas y ya esta.-agregó la colorada al notar que  no le prestaba atención.

-       No, por favor, agárralo vos…-dijo Carlos cayendo a la realidad.- Yo no tengo hambre.-insistió.

-       Pero si la ibas a agarrar es por algo.-dijo Natalia haciendo sentir estúpido a Carlos por su excusa.

-       Queda una, yo elijo otra cosa, y ya esta.-dijo agarrando el paquete y estirándolo hacia la colorada. Notó la duda de la chica.-Así vamos a estar todo el día…hagamos algo, yo compró y lo compartimos juntos.-ofreció y sin esperar respuesta fue hacia la caja para comprarlo.

Natalia lo siguió, y trato de insistir en que no se moleste, pero Carlos no se detuvo. Alegando que lo había comprado, Natalia no tuvo más opción que aceptar su proposición.

Por lo general el no era tan educado con las chicas, pero había algo en ella que hacía que quiera caerle bien.

Se sentaron en uno de los asientos de afuera.

-       Dale come. -insistió Carlos. La chica obedeció.- ¿Cómo te llamas?-preguntó al ver que compartía comida con un completo desconocido.

-       Natalia Menéndez, ¿vos?-preguntó tapándose la boca para hablar.

-       Carlos Golinzoa.-contestó con una sonrisa.

Un silencio se apodero de ellos, inusual para ambos. Carlos tenía gran habilidad para relacionarse, al igual que ella, pero con fines diferentes.

-       ¿De donde sos?-preguntó Carlos.

-       De Misiones, pero vivo medio año en Francia.-contestó tratando de que se le entienda bien.- ¿vos?-

-       De Buenos Aires.-contestó con una sonrisa orgullosa.- Se nota por tu tonada, es rara.-opinó agarrando otra papa frita.

-       Si, todo el mundo me dice eso.- contó sin querer profundizar en el tema. Le tenía cansada hablar siempre de lo mismo con las personas que recién conocía.

-  A los porteños nos identifican enseguida por la tonada.- Natalia se limitó a mirarlo.- Y ¿Por qué vivís en dos lugares diferentes?- preguntó queriendo profundizar mas en el tema.

Pero antes que pueda contestar apareció la coordinadora diciéndoles que tenían que subir al colectivo para seguir el viaje. Carlos se reunió con sus amigos y Natalia con su hermano mayor.
El viaje continuo y con eso el aburrimiento de Natalia, quien se le hacía cada minuto mas pesado, su hermano se había dormido y ella no tenía sueño. Miro hacia atrás, y vio a Carlos en su mundo escuchando música. Ese chico tenía algo que le atraía, cuando había hablado con él se dio cuenta que tenia este toque natural y alegre que le hacía ver simpático e interesante. Volvió su vista al frente y trato de dormir un rato, pero las ganas de llegar la superaban. Por suerte María la llamó.

- ¿Qué pasa?- preguntó Natalia.
- Repartí estas bebidas por favor.- pidió María y le entrego un carro con vasos y botellas de gaseosas.
- Claro.- aceptó Natalia.
Agarro el carro y empezó a repartir de abajo para arriba, de adelante atrás. Cuando llego a su lugar, lo puso sobre su asiento y empujo el carro con una patada hacia el lugar de Carlos. Este se había quedado dormido, trato de depositar la bandeja sin levantarlo pero con el más leve roce lo despertó. Carlos dio un pequeño salto y después abrió los ojos, vio enfrente de él la hermosa cara de Natalia y sonrió de costado.
- Che hace dos horas recién hablamos y ya me extrañes.- dijo con actitud canchera.
- Si no sabes cuanto.- dijo sarcástica Natalia y rodó lo ojos.- Toma esto me dieron para repartir, es coca y comida, espero que te guste.- dijo y se levanto. Carlos la agarro de la mano para detenerla.
- Cuando terminas de repartir todo ¿venís a hablar conmigo?- pregunto mirándola a los ojos.
Natalia lo pensó un poco, no tenía otra cosa que hacer.- Claro.- aceptó y se fue a repartir a los amigos de Carlos.
Pateo nuevamente el carro para ir a llevar la comida a los amigos de Carlos. El más flacucho estaba durmiendo y el rubio estaba mirando a la ventana. Natalia tosió para que el último le preste atención. El rubio giro a mirarla y levanto una ceja por su confusión.
- Vos sos la chica que estaba hoy hablando con Carlos.- Natalia se puso colorada,- ¿Cómo te llamas?-
- Natalia, ¿vos?-
- German, ¿Tenes algo que decirme?- Natalia asintió y se dio vuelta a buscar las bandejas que tenia que darles.- ¿Qué cosa?-
- Toma, ahí adentro tenes coca y comida.- respondió Natalia con una sonrisa fingida.- Y esta para tu amigo.- agregó pasándole la otra bandeja.
- Gracias.- agradeció poniendo las dos bandejas arriba suyo.- ¿Vos sos una promotora o una azafata?- pregunto en broma.
- No, solo soy una campista hace años.- respondió seria.- ¿Promotora? Jamás, seria algo tan... Vulgar.- bromeó.
- Ay ella la chica educada.- bromeó.
- Como digas.- Natalia rodó los ojos.- será mejor que termine de entregar las cosas, nos vemos después.- se despidió

Natalia siguió entregando a la gente. No faltaba mucho, y a ella le gustaba hacerse amigos nuevos. Cuando termino, fue a entregar el carrito a María y fue al baño. Luego, fue a ver a su hermano para comprobar que siga durmiendo y así poder escabullirse para hablar con Carlos.

-        Hola de nuevo.- saludo con una sonrisa Natalia. Carlos, que estaba viendo por la ventana, se dio vuelta a mirarla y le hizo una seña para que se siente al lado suyo.- Ya termine de entregar y como dijiste que...
- ¿ Por que era que vivías en tres lugares diferentes por año?- interrumpió Carlos.
- Por que mi mama es diseñadora de modas.- contesto como la cosa mas obvia del mundo.- De Marzo a Julio diseña la ropa en Francia con sus socios, y ahí vivimos en Paris, de Julio a Noviembre hace giras mundiales y como mi hermano y yo no podemos perder clases nos manda a Posadas con mi abuela.
>> Diciembre se toma de vacaciones, y de Enero a fines de Febrero empieza a trabajar en otros proyectos ella sola. Como comienzan el Campamento en Diciembre nos manda acá.
- Ah, esta bueno.- opinó Carlos.- ¿Pero no te molesta vivir en tantos lugares al mismo tiempo?- pregunto inocente. Natalia se vio enojada por el cuestionamiento tan caradura pero solo hizo que no le importaba.
- Para nada.- respondió de lo mas natural.- Ya estoy acostumbrada de chica, y me encanta poder vivir en diferentes culturas y compartir con diferente gente.- explicó con una sonrisa fingida.- Y después de todo, vivo bien y del trabajo de mi mama depende que vivamos bien.-
- Si, ¿Y tu papa?- pregunto curioso. Para Natalia era normal que le pregunten cuando ella contaba su vida, pero no le gustaba dar lastima así que se había inventado una respuesta.
- Papa es el publicista de mi mama, así que trabajan juntos.- respondió y agrando más su sonrisa.
- Están buenos los trabajos de tus padres-opinó Carlos.- ¿Y como haces con la escuela? Digo… los meses de clases de acá no son los mismo que en Francia-Otra pregunta normal para Natalia.
- Mi mama nos manda a una que tienen clases durante los mismos meses que acá cuando vamos a Paris-respondió por ultima vez y decidió cambiar de tema.- Y vos... ¿eras de...?
- Buenos Aires Capital.- contesto Carlos orgulloso, algo típico de quienes son de ahí.
- Ah, a mi no me gustaría vivir en la Capital.- opino Natalia.- Es muy desordenado, y sucio, a pesar de tener muchas atracciones y esas cosas.-
- Eso decís porque sos francesa.- se enojo Carlos. Era un chico con buen humor pero no le gustaba que le den de menos.- Paris es muy aburrido, todo es reglas a seguir y la gente es fría y orgullosa.-  Se cruzo de brazos y miro desafiante a Natalia.
- Vos sos igual a todos los porteños.- comentó Natalia.- Ustedes también son soberbios, se enojan cuando te metes con su ciudad.- contó Natalia e imito la pose de Carlos.
- Lo que pasa que es la Capital de Argentina…
- Es una tontería, todas las ciudades tiene ago bueno y malo.- contó Natalia sonriendo por la expresión enfadada del chico.- Como sea, no soy francesa y que la gente sea de una manera en Francia no significa que Paris no sea mejor.-
Carlos frunció aun mas el ceño y Natalia sonrió victoriosa. Después se dio cuenta que estaban discutiendo por una estupidez y decidió tomar la riendas de la conversación.- No soy como todos los porteños.- dijo sonriendo.
- Claro que lo sos, creído, chamullero, canchero y lindo.- dijo Natalia sin darse cuenta de lo último que había pronunciado.
- ¿así que te parezco lindo? Gracias.- sonrió Carlos de costado. Natalia se sonrojo al darse cuenta.- Vos también sos linda.- opinó Carlos acercándose juguetonamente a Natalia y cuando estuvo a centímetros siguió.- Creo que será tu sangre Francesa.- bromeó y volvió a su posición anterior.
- Gracias.- trato de ser amable y verse despreocupada.- Y de hecho me parezco a mi abuela en rasgos, y ella es descendiente de aborígenes.- contó con una sonrisa juguetona.
- Interesante mezcla.- opinó Carlos.
Antes de que puedan seguir hablando, apareció Juan que dejo sin habla a Carlos. Natalia se dio cuenta que alguien estaba atrás suyo y giro para encontrarse con su hermano mayor enojado. Se paro y se dirigió con el hacia su asiento y le hizo un gesto a Carlos de despedida por ahora.
Natalia se sentó junto a su hermano. Juan empezó a retarla y Natalia se defendía. Esta situación le hacia ponerse furiosa, el siempre trataba de controlar la vida de ella creyéndose su papá y esta vez el reaccionaba así por los celos que tenía del típico hermano mayor.

-        - Te crees papá y déjame recordarte que sos mi hermano.- dijo enojada Natalia y se cruzo de brazos.- Con razón que te manda a este viaje mamá, sos  un pendejo que se cree maduro.- lo miro de forma amenazadora.
- Mama me manda para que disfrute más la vida no para madurar porque ya lo soy, vos sos la inmadura.- corrigió Juan.
- Como digas.- dijo Natalia parándose de su asiento.
- ¿a donde vas?- preguntó su hermano.
- Al baño, y vos no venís al campamento para cargarte de otra responsabilidad y cuidarme.- contesto enojada  Natalia y se fue hacia al baño.

 

Natalia miro su reloj, indicaban las doce del medio día. Había dormido toda la noche y la mañana, enseguida ya llegaría Río Gallegos para comer y cambiar de colectivo. Ahí se encontraría con su mejor amiga, Roció Benítez. Ella era amiga suya desde que tenía memoria, se habían conocido en el Campamento y pasaron el resto de sus vacaciones juntas. Era una costumbre reencontrarse todos los años con su mejor amiga. También tenía otra mejor amiga que se llamaba Celeste Molina pero ella se había llevado materias a diciembre e iría mas tarde al Campamento.

Durante todo el año las extrañaba mucho, ellas eran como las hermanas que nunca tenía. No era que no tenía amigas en Paris o en Posadas, es más, ella era una chica muy sociable y tenía muchas amigas, solo que con ellas tenía una confianza e intimidad que no lograba con el resto de sus amigas.

Miro a su lado, estaba su hermano durmiendo. La noche anterior se había quedado hablando con una chica de su escuela que parecía que tenían onda. Sonrió. Tal vez ella lo ayudaría a mejorar su carácter.

-        Buen día a todos.-saludó la coordinadora María.- Chicos estamos en Rió Gallegos, acá pararemos a comer y luego, nos iremos a la Terminal para cambiar de colectivo e ir rumbo al Campamento, así que vayan juntando las cosas.- ordenó.

Natalia despertó a su hermano y empezó a juntar sus cosas ya que en la ruta se iba a marear. Cuando termino, volvió a sentarse y miro por la ventana. Estaban yendo al lugar que siempre iban a comer todos los años, la estación de servicio YPF Club.

Desde la ventana podía ver el mar y la hermosa playa, y a lo lejos las altas montañas con los copos de nieve en la sima. Si tuviera que elegir un lugar que siempre le habría gustado vivir sería ahí. El frió le encantaba y lo pequeño que era la cuidad también.

Pararon en la estación de servicio. Había acertado. Cuando estaba bajando noto que Carlos y sus amigos eran los únicos que se habían quedado en el colectivo. Le dijo a su hermano que se había olvidado una cosa, y subió de vuelta.

Fue hacia el asiento de German y le dijo que le levante a su otro amigo. Y luego, fue hacia el asiento de Carlos, lo noto durmiendo. En un intento por despertarlo quiso acercarse para zamarrearlo pero termino tropezándose y cayendo encima de él.

Carlos abrió los ojos de golpe y noto el rostro avergonzado de Natalia.

- Buen día.- saludó besándola en la nariz.- ¿Pero que forma de levantarme es esta?- preguntó sarcásticamente mientras notaba el rubor en las mejillas de la colorada. Le acaricio la mejilla.

-Yo... este... vine a levantarte porque hay que bajar a comer y... me caí sin querer.-contesto nerviosa, y aparto la mano de él.

- Ah, entonces gracias.- dijo y noto lo incomoda que se encontraba en la situación así que se levanto.- ¿Vamos?- preguntó ofreciéndole su mano para bajar.

Natalia asintió pero paso de largo sin siquiera mirarlo. Carlos se la quedo con la vista en ella  un rato. La forma de caminar de ella era muy elegante. Parecía que danzaba cuando caminaba. Aparto esas ideas y la siguió hasta la estación de servicio donde iban a comer.

Carlos se sentó junto a sus amigos, y Natalia junto a su hermano. Las miradas se cruzaron y el le guiño un ojo, y ella aparto la mirada bruscamente. “¿Por qué actúa así?” se pregunto para si mismo pero no le dio tanta importancia.

La coordinadora María rearmo los grupos, con la excusa que los nuevos se integren. Natalia suspiro y rogó que no le toque con Carlos, pero para su mala suerte, la vida le jugo en contra.

Carlos aprovecho y se sentó al lado suyo, ya que su hermano le había tocado con otro grupo.

Junto a ellos estaban German y el otro amigo de Carlos. 

- ¿Quién lo diría? ¡Hola de nuevo colo!- saludó burlonamente German.

- Hola German, hola Carlos.- respondió al saludo con una mueca de desagrado.- Y ¿vos sos?- preguntó mirando al amigo de ojos claros y el mas alto y flacuchos de todo el grupo.

- Yo soy Francisco, hola Natalia.- contestó con una sonrisa sincera. Natalia se quedo viéndolo tontamente.- ¿Pasa algo?- preguntó.

- No… nada.- contestó reincorporándose.- ¿Qué hay de comer?- preguntó a María para zafar de la situación.

- Empanadas.- respondió indiferente María.

-  Ah…

Los chicos se concentraron en un partido de fúltbol mientras Natalia trataba de pasar el tiempo mandando mensajes con una amiga de Posadas. Pero después de quince minutos se aburrió y presto atención al televisor de arriba de su cabeza. Iba ganando Argentina 2-0 contra Alemania en el Mundial del 2010 y se dio cuenta que era una repetición.

- ¿Aburrida?- le susurró al oído Carlos.

- ¡Ay!- todos se dieron vuelta a mirarla.- Disculpen.- dijo y cuando todos volvieron su vista al televisor reprendió a Carlos.- ¿No te cansas de asustarme?-

- La verdad… no.- contestó con una sonrisa de autosuficiencia.

- ¿Qué querías?- Carlos levanto una ceja.- ¿Para que llamaste mi atención?- preguntó poniéndose irritante.

- Solo quería hablar con vos, ya que se nota que estas aburrida.- dijo poniendo cara de ángel.- ¿Cuántas horas son de acá hasta el Campamento?- preguntó tratando de sacar conversación.

- Unas… tres horas.-

- ¿Y tenes alguna amiguita para presentarme?-preguntó canchero Carlos. Natalia frunció el ceño y antes de que pueda protestar Carlos la interrumpió.- No te preocupes, va a ver tiempo para nosotros dos.- dijo acercándose y acariciándole la mejilla. Lo cual hizo abrir los orbes color miel de Natalia, sorprendida.

- Oh, nada de eso.- interrumpió una voz y Carlos se aparto bruscamente.

Salvada por mi hermano pensó Natalia y miró hacia arriba con una sonrisa. Juan tenía el ceño fruncido y estaba por agarrar a Carlos. Este último, estaba como pidiendo disculpas con la mirada y sus cejas y ojos entornados. Antes de que Juan pueda hacer algo intervino Natalia para que no reprendan a su hermano.

Por suerte, la llegada de la comida hizo aliviar toda la tensión que había en el ambiente. Juan volvió a su lugar, y  Natalia habló naturalmente con los amigos de Carlos todo el almuerzo.

Cuanto terminaron, subieron de vuelta al colectivo y los llevaron a la Terminal.

Juan bajo antes que su hermana. Tenía ganas de estar solo. Su mamá lo había mandado al Campamento, al que no asistía hace años y seguramente todo sus amigos que había hecho ahí ya no irían más. Suspiro. “Ojala encontrase algo interesante este verano” pidió para si mismo.

Miró la Terminal y recordó el lugar en seguida. Y todo lo que había vivido ahí. Recordó que al igual que su hermana, el esperaba ansioso el encuentro con sus amigos de todo el país.

Se sentó en un banco con sus valijas y las de su hermana. Y pudo ver a las distintas familias que se despedían de sus hijos. ¡Como extrañaba eso! Cada año, antes de la muerte de su papá, toda la familia los acompañaba hasta el aeropuerto. Las despedidas eran algo feo, pero el se olvidaba rápido, lo que le costaba olvidarse era la despedida definitiva con su padre.

Alejo todos esos recuerdos antes de que pueda amargarse más de lo que estaba, y concentro su mirada en unos padres que se despedían de su hija. La chica era alta desde atrás y tenía una larga melena ondulada y rubia que le llegaba hasta la cintura. Le hizo recordar a alguien pero no sabía quien.

Los padres le dieron un beso a la joven y ella con su valija se aproximó a un coordinador. Juan pudo notar como se le caía algo de su bolso de mano. Se levantó y lo recogió. Era una pulsera de plata, era algo valioso, tenía que devolvérselo.

Se acercó a la joven que seguía hablando dada vuelta con el coordinador y le toco el hombro. La rubia le hizo una seña que esperase, sin darse vuelta.

- Roció Benítez, con “Z” no con “S”.- le decía la joven al coordinador.

“Roció Benítez, alta, rubia, yo seguro la conozco” pensó Juan abstrayéndose del mundo real. Pero la voz de la joven lo despertó.

- Hola ¿Qué pasa?- preguntó la rubia.

- Ho…la.- tartamudeó Juan tratando de caer en tierra.- Es decir, hola… se te cayo esto.-dijo dándole la pulsera.

- Ay mi pulsera, muchas gracias.- dijo con una sonrisa sincera y se colocó de vuelta en el brazo.- Muchas gracias, mi mamá me mataba si se me perdía.- dijo mirándolo a los ojos. Juan sintió como si lo inspeccionara.

- De nada, que suerte que vi entonces.- dijo tratando de seguir la conversación.- ¿sabes cual es nuestro colectivo?- preguntó agarrando su valija y siguiendo los pasos de Roció.

- Si, veni seguime.- contestó con una sonrisa.- ¿Vos sos nuevo?- preguntó.

- No, lo que pasa es que hace mucho no vengo.- respondió mirándola.- Vos se me haces conocida ¿Hace cuanto venís?-

- Desde los cuatro.- contestó parándose en seco y observándolo.- Vos también se me haces conocido.-

Juan y Roció se quedaron viendo de arriba abajo. Juan pudo notar los finos rasgos de la cara de Roció, tenía unos ojos grandes y de color celeste, cejas bien marcadas, nariz chiquita y respingada y una boca gruesa y carnosa. Y también tenía muy buena silueta, larga y esbelta, bien proporcionada. Juan sonrió de costado y se acordó de quien era.

- Roció Benítez… claro, ya me acuerdo.- soltó de repente.- Vos sos la mejor amiga de mi hermana… -

- Natalia Menéndez.- termino de decir Roció y escuchó un grito. Ambos de dieron vuelta y vieron a Natalia con una sonrisa en la cara.- La mejor amiga que alguien pueda tener.- dijo corriendo hacia ella y se unieron en un abrazo.

Juan se les quedo viendo. Natalia siempre hablaba de esa chica, de lo espectacular que era y que como lo extrañaba, y cuando llegaba a la casa en Francia antes de comenzar las clases lo perseguía por toda la casa contándole todo las travesuras y lo mucho que se había divertido con sus mejores amigas, Roció y Celeste.

El cuando había asistido de chico, tenía su grupo de amigos que no daban bolilla a los mas chicos, y por eso no había entablado relación con las amigas de Natalia, pero si las conocía de vista. Roció siempre le había llamado la atención, antes varias veces se había quedado viéndole y desde lejos riéndose de las pavadas que hacía.

Y ahora, después de muchos años estaba hermosa. De pies a cabeza era perfecta y se lamentó cuanto había desperdiciado. Pero se recordó que nunca es tarde.

Natalia se separó de Roció para ir al baño. Cuando termino, volvió pero vio a su amiga hablando con su hermano. Sonrió. Le gustaba la idea de que entre ellos pase algo enserio, pero tenía algunas dudas.

Tanto Juan como Roció eran personas seductoras, y muy atractivas para el sexo opuestos. Los dos se destacaban por su belleza, eran perfectos físicamente.

Eso hacía que los dos tengan muchos interesados/as y nunca se tomaban una relación del todo enserio, y eso le asustaba. Su hermano y su mejor amigo juntos. Podía llegar a terminar mal. Muy mal.

Pero decidió que dejaría que la vida fluya y ella no intervendría.

Miró hacia la calle y vio que todavía no venía el colectivo cuando giro al otro lado su vista, noto a Carlos acercándose a ella.

- Natalia ¿Cuánto falta para que venga el colectivo?- preguntó con su sonrisa al costado.

- No se pregúntale a un coordinador.- contestó riéndose. Era obvio que saco cualquier tema para hablar con ella.

- ¿De que te reís?- preguntó desentendido.

- Sos muy obvio- respondió con una sonrisa.

- Tanto que te das cuenta que quiero hablar con vos.- concluyó acercándose a Natalia.- Tanto que te das cuentas las increíbles ganas que te tengo.- dijo con una sonrisa al costado. Natalia miró hacia atrás y pudo ver que estaba contra la pared y el cuerpo de Carlos.

- Si.- contestó Natalia sin acobardarse. – Ahora aléjate.- dijo riéndose y empujándolo fuertemente por los hombros.

Natalia fue hacia su hermano como escudo de protección y el sonrió complacido. Ella era una aventura ideal para ese verano.

 El colectivo no tardo en llegar y todos los campistas se dirigieron a sentarse. Natalia se sentó junto a Roció, y su hermano se sentó junto a un viejo amigo suyo.

El colectivo empezó a arrancar y Roció saltaba y gritaba emocionada “que comience el viaje” y cantaba. Natalia se apoyo en el respaldo y cerró los ojos para recordar todo lo que había vivido junto a Carlos esos dos últimos días.

El chico había sido claro, le tenía ganas y eso significaba que esperaba una aventura con ella todo el verano, eso no le agradaba para nada. Ella no era un juguete, y tenía sentimientos. Pero había algo más, tenía miedo. Carlos le atraía mucho, en muy poco tiempo.

- ¿Qué es lo que pensas?- preguntó Roció con una sonrisa.

Natalia le contó todo sobre Carlos.- Ah, y estas enganchadísima.- concluyo con una sonrisa picara.

- No, nada de eso.- negó con la cabeza Natalia.- Es lindo pero es un tarado.- trató de dar finalizada la conversación.

- Esa ni vos te la crees.- dijo levantando las cejas y bajándolas juguetonamente.- Nunca queres nada enserio.- se quejo su amiga.

- Y si vivo máximos seis meses en el mismo lugar, y sabes que no confió en los hombres.- dijo ya un poco molesta.

- Eso es porque no queres sufrir.- dijo tratando de insistir en el tema, pero noto el dolor que le producía a Natalia.- ¿Ni siquiera en tu hermano?- trato de cambiar el tema y conducirlo hacia donde a ella le interesaba mas.

- Ro, vos te copaste con mi hermano.- dijo dando un salto.- Ay vamos a hacer cuñadas…- Natalia siguió imaginando, pero Roció la interrumpió.

- Nada de eso, si te admito que esta bueno.- Natalia elevo una ceja.- Esta buenísimo, es hermoso.- admitió riéndose.- Pero nada que ver, si no me dio bolilla antes ¿Qué te hace pensar que me la vas a dar ahora?- preguntó.

- Nunca te vi dándote de menos, por favor mírate Roció sos tan o mas hermosa que él.-gritó Natalia.- Los dos quedan perfectos, los dos son hermosos, su belleza los caracteriza.- termino de decir soñadora.- Lo que va a acostar es que los dos nunca buscan algo serio… pero ya van a ver, va a empezar como un juego y van a terminar enamorados.- y junto sus manos en forma soñadora.

- Creo que voy a ponerte de novia con ese Carlos.- dijo Roció dándole una palmadita en la cabeza a Natalia.

Las risas y las preguntas sobre cada una continuaron toda la noche.

Y después de dos horas y medias vieron unas luces. Todos se levantaron y vieron un cartel enorme que decía:

“Bienvenidos al Campamento Schneider”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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