Una interesante novela que te atrapara...

El país de Argentina es extenso pero su población no esta bien distribuida. Su capital es Buenos Aires, donde viven millones de personas, y es una de las ciudades más caras del mundo. Solo la gente con mucha plata se puede dar el lujo de vivir bien, pero no feliz.
Carlos, estaba saliendo de su último día de colegio de ese año, seguido por su mejor amigo German. Fueron hacia su bicicleta y mientras le sacaban el candado Carlos empezó a hablar.
- ¿Qué pensas hacer este verano?- preguntó subiendo a su bicicleta.
- Salir, minas y eso.- dijo cortante su amigo.- ¿vos?-
- Me mandan a un campamento, yo diría que a un reformatorio.- contesto Carlos sonriendo sarcásticamente.- Idea de mi abuela por lo mal que me porte todo el año.- agregó poniendo un pie en el pedal.
- Uh, que embole.- bromeó German.- Puede ser que encuentres una mina para pasarla todo el verano.- agregó y sonrió con malicia.
- Ojala.- susurró Carlos y se echo a la carrera.
Las calles de Buenos Aires son amplias y los chicos zigzagueaban la calle y la vereda. Muchas veces casi chocan a autos y a personas, quienes le gritaban insultos. Ellos solo se reían, era su rutina. Pasaron al lado de un grupo de chicas de su colegio, un año menor, y les guiñaron un ojo, las chicas le sonrieron divertidas y siguieron su camino.
Después de unas cuantas cuadras German doblo a la izquierda para hacer cinco veredas más y llegar al departamento que tenia en Recoleta. Carlos seguía derecho unas diez cuadras más y llegaba al suyo, pero antes quiso pasar por el famoso Cementerio de Recoleta.
Despojo su bici en uno de los restaurantes de quienes sus vecinos eran dueños y cruzo la corta calle para hacer cola y poder decir al guardia para entrar. El guardia se llamaba Bruno, quien lo conocía hace cinco años, y últimamente Carlos venia seguido así que simplemente se saludaban y el seguía su camino.
El cementerio de Recoleta es un antiguo y magnifico cementerio donde descasan personas muy importantes y la familia de Carlos tenía su propio mausoleo ya que eran una familia tradicional y adinerada. Arranco, sin que nadie lo vea, una flor de las hermosas plantas que adornan el lugar, y camino hasta la tumba de su abuela.
La abuela de parte paterna había sido la única persona de su familia con la que había tenido mucho cariño y confianza y desde que murió hace dos años, Carlos la visitaba constantemente. Se sentó en el pasto al lado de la tumba y le puso la flor encima.
- Hola abuela.- a pesar de que estaba muerta Carlos la seguía sintiendo viva.- Vine a visitarte como te prometí, te extrañe toda la semana.- contó apoyando su cabeza sobre su mano.- Fue una semana muy divertida, como era la ultima del segundo de poli modal... no puedo creer me falta un año para terminar el colegio y después ya voy a la universidad, Papa me dice que me va a mandar a Estados Unidos a estudiar, pero acá tengo a mis mejores amigos...- suspiro.- No sabes lo que te extraño, a veces necesito escuchar tu voz, mama y papa andan pendientes de sus trabajos mas que nunca y no me dan bola, ni siquiera me prestan atención cuando llego a casa..- una lagrima rodó por su mejilla pero el se la limpio rápido.- No, vos siempre me decías que tengo que ser fuerte y lo soy, así que yo no lloro, no debo hacerlo.- frunció el ceño.- La abuela Filomena me va a pagar para ir todo el verano a un Campamento, no tengo ganas de hacerlo pero no me queda otra, tengo diez días para convencer a mis papas que no es la mejor opción, no se si me podrías ayudar... por favor.- pidió uniendo su manos y mirando al cielo con cara de ángel.- Quiero divertirme.- reprocho y estiro sus piernas.-No puedo quedarme mucho tiempo, mañana vengo si puedo y me voy porque la empleada me va a preguntar donde anduve, te quiero abuela, chau.- dijo tocando la flor y observándola.- Es tu favorita, todavía me acuerdo el olor a jazmín de tu jardín.- se dijo mas así mismo y se levanto en un salto y tiro un beso al cielo para seguir su camino.
Fue hacia la salida y con un saludo de lejos se despidió del guardia. Cruzo la calle, agarro su bicicleta y siguió su camino. No faltaba mucho así que saco su Ipod y prefirió ir caminado. La canción que escuchaba era de los Beatles, era su banda favorita, pero como muchas otras cosas, las escondía de sus amigos. Pensaban que se le iban a burlar si les contaba que le gustaba las canciones que ellos denominaban "cursis". Ya podía tener en la mente de lo que le dirían, "¿Cómo te puede gustar eso?, son un clásico pero escuchan los viejos" hasta podía sentir las risas.
Llego a su departamento, el portero le abrió la puerta y el solo le asintió con desinterés. Dejo su bicicleta junto con las demás bicicletas de sus vecinos, puso el candado, y fue hacia el ascensor.
El departamento era enorme, y era casi para el solo ya que sus papas viajaban constantemente. El fue directo a su pieza, y tranco con llave la puerta. Tiro su mochila a un costado y se acostó en la cama para descansar un rato.
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Menéndez.- llamó la profesora fuertemente enfrente del grupo de alumnos. La alumna que respondía a ese apellido salió del grupo y con paso lento se dirigió hacia su maestra.- Enseguida ya pasan a recogerte.- La alumna asintió y volvió donde estaba.
- ¿Qué quería la profe?- preguntó Sofía.
- Ya me vienen a buscar.- respondió con una mezcla de sentimiento. No quería separarse de sus amigas, pero estaba feliz porque comenzaban las vacaciones.
- ¿Vas a ir al campamento?- Preguntó Sofía.
- Si.-contestó mirando al vació.
- Te voy a extrañar Natalia.- dijo Sofía y abrazo a su amiga.
- Yo también.- dijo respondiendo al abrazo.- Antes de que comiencen las clases te llamo y vamos a vernos ¿dale?-
- Claro Nati.- dijo afectuosamente su amiga.- ¿Vas primero a Paris?- preguntó. Natalia asintió.
- Menéndez te buscan.- anunció la profesora.
Natalia abrazo una vez mas a su amiga, la beso en el cachete y agarro su valija y mochila. A medida que avanzaba se despidió del resto de su grupo de amigas hasta que llego a la profesora quien la condujo hacia afuera. Un Mercedes- Benz negro la esperaba a fuera con el chofer. Natalia suspiro y fue hacia el, lo saludo y el, abrió la puerta para que pase.
Cuando subió de vuelta al auto, empezaron a ir hacia Posadas. Natalia iba metida en su mundo pensando en sus amigas que dejaba.
- Por fin comienzan las vacaciones.- suspiró y siguió mirando a la ventana.
- ¿Qué piensa hacer señorita?- preguntó el chofer mirando al frente.
- Mateo, decime Natalia, me conoces desde que nací, no tenes porque dirigirte de otra forma hacia a mi.- dijo antes de responder.- Voy al Campamento Schneider como todos los años.- dijo y sonrió.
- Se ve que le alegra la idea.- comentó el chofer mirándola de reojo por el espejo retrovisor.
- Si.- afirmó agrandando su sonrisa.- Siempre lo espero.- agregó y busco en su mochila su Ipod.- Si no le molesta voy a escuchar música.-
El chofer negó con la cabeza y ella se puso los auriculares en su oído. Subió el volumen y empezó a cantar mientras su mirada iba fija en la ventana.
Se estaba yendo hacia la casa de abuela para recogerla e ir al aeropuerto para viajar a Francia. Su mama ya la esperaba allí con su hermano mayor.
Misiones no era una provincia grande y Posadas no quedaba tan lejos del pueblo San Ignacio donde estaba el internado. Quedaba a una hora. Natalia se acostó en el asiento, puso su bolso como almohada y se adormilo.
Cuando abrió los ojos estaban llegando a la casa de abuela. El chofer doblo en la entrada del estacionamiento y las puertas se abrieron dejando a vista la mansión. Natalia se sentó y espero hasta que el auto se estacione. Bajo, y su abuela estaba en su mecedora de afuera esperándola. Corrió hacia ella y la abrazo. Hace dos semanas no la veía.
- ¿Cómo estas nona?- preguntó cariñosamente.
- Bien nieta, voy a llamar para que me traigan el equipaje para irnos rápidamente ya que tu mama nos esta esperando.- contesto acelerada la abuela.
La abuela se metió adentro y Natalia se sentó en su mecedora a esperarla. Esa silla le traía recuerdos, su mama cuando era bebe la había hamacado en la mecedora para hacerla dormir. La abuela salio de la casa y se fue hacia ella.
- Ha llamado tu mama, dice que esta viniendo para acá porque el vuelo se cancelo hasta mañana.- anunció la abuela y Natalia pestañeo perpleja.
- Ah bueno, esperaremos hasta mañana.- dijo desilusionada. Tenia ganas de ver a sus amigas francesas antes de tener que ir todo el verano al campamento.- Me voy a mi pieza.- agrego y se metió a la casa.
Subió las escaleras hasta el tercer piso donde estaba su habitación, doblo a la izquierda y fue hacia la tercer puerta. La abrió. Se recostó en su cama y se quedo dormida.
Carlos se levanto como a las ocho de la noche. Había dormido toda la tarde. Se estiro y se fue hacia la cocina a buscar algo para comer. Encontró un pedazo de pan, lo comió y fue a su pieza. Miro su celular para ver si tenía un mensaje.
Mensaje de texto: Carlin venite a mi casa a hacer la previa antes de ir a lo de Mel.- German.
Sonrió y se metió al baño. Prendió la ducha y se saco la ropa. Miro orgulloso su pectorales en el espejo, era un chico creído y no se avergonzaba de ello.
Cerro los ojos mientras caía el agua en su cabeza mientras se lavaba su pelo. Cantaba una canción de los Beattles hasta que sonó su celular.
Salió de la ducha molesto, se envolvió la toalla en su cintura y fue hacia su pieza. Contesto el celular sin ver quien lo llamaba.
- Hola...- dijo Carlos.
- Hola Carlín- saludó la voz del otro lado del tubo. Y ya reconoció a la persona con quien hablaba.
- ¿Que pasa Mel?- pregunto cortante.
- Mira hago una fiesta...
- Si ya se, me voy a lo de German a hacer la previa, después vamos para allá, chau.- interrumpió y corto el teléfono.
No le gustaba ser grosero pero Melody era una chica que lo tenía cansado. Se habían chapado unas veces y ella ya creía que era su novia, mientras que el no tenia ni el más mínimo deseo de serlo.
Suspiro y fue hacia el baño a seguir con lo suyo. El era un chico mujeriego, y le gustaba serlo, pero le molestaba cuando las chicas lo perseguían de manera de hacerlo sentir acosado.
Termino de bañarse y volvió a envolverse la toalla en la cintura. Fue hacia su pieza y abrió el armario. Quería decidir que ponerse. Busco una camisa, y unos jeans y en los pies se puso unas zapatillas. Por como se vestía, todos le recalcaban como “cheto”.
Salio de su pieza, y se encontró con su mama que llegaba de cenar con sus amigas. Le saludo con la mano, agarro la llave para irse, pero cuando abrió la puerta, sintió la mano de su mamá que lo detenía.
- ¿Qué pasa?- pregunto enojado.
- Carlos ¿Donde vas?- pregunto la mama imitando la cara de su hijo.
- A lo de German, y después a una fiesta de una amiga.- respondió y saco la mano del picaporte.
- ¿Y pensas irte sin decírmelo?, y ni siquiera me saludas.- dijo frunciendo el ceño.
- Si... como siempre vos haces.- retruco mas enojado.
- Hay Carlos ¿hasta cuando te vas a poner a mi altura?- suspiro la mama.- Soy mayor que vos, y estoy ocupada casi todo el tiempo...
- ¿Hasta para no ocuparte de tu hijo?- reprocho enojado.
- Carlos vos no sos un nene para estar todo arriba tuyo, pero eso no significa que no nos ocupamos de vos, es cierto que el trabajo a veces nos deja poco tiempo para estar juntos pero todo lo que tenes es gracias a el esfuerzo que hacemos tu padre y yo para dártelo.- contesto furiosa.- Pero eso no quita que no nos llames, ni nos saludes…hijo yo no estoy por prohibir vivir la vida, pero si me gustaría que me cuentes un poco de ella.- dijo aflojando y se abalanzo para abrazarlo.- Nosotros te amamos, nunca lo dudes.-agrego dándole un beso en el cachete.
Carlos contesto al abrazo pero enseguida se quiso soltar. El no sentía que eso fuera verdad, pero no quería segur discutiendo.
Te voy a llevó a la casa de German.-dijo acariciando su cabello.- Anda a buscar tu campera, y si queres déjala en lo de tu amigo, yo te espero en el estacionamiento.- termino de decir y salio por la puerta.
Natalia entro al comedor. Ahí estaba sentada su abuela tejiendo. Miro el reloj cucu en la izquierda de la habitación, eran las nueve de la noche. Se sentó en una silla al lado de su abuela que estaba concentrada en lo suyo.
- Buenos Noches abuela.- saludo.
- Buenas noches amor.- respondió la abuela.- ¿Dormiste bien?- preguntó fijando su vista de vuelta en su tejido.
- Mejor que nunca.- respondió y sonrió.- ¿Mama y Juan?-
- Ya llegaron, están instalando sus cosas.- contesto y la miro.- Cada día estas más hermosa nietita.- dijo cariñosamente su abuela.
- Gracias nona, pero yo no lo veo así.- dijo sincera.
- Ay los chicos de hoy.- suspiro la abuela y siguió tejiendo.
Natalia iba siempre los fines de semana a la casa de su abuela. Por lo que tenían una fuerte conexión las dos.
Su mama, Micaela Prat, era una importante diseñadora de modas y trabajaba en Francia porque ahí dirigía su empresa de ropa.
Su hermano Juan Menéndez, al morir su papa, se hizo cargo junto a su mama de la empresa familiar Menéndez.
Pero seguía sus estudios secundarios.
La mama de Natalia entro por la puerta con su ropa elegante. Se deslizo hacia su hija y su mama y las abrazo fuertemente.
- Las extrañe.- dijo abrazándolas mas fuerte.- Las amo.- agrego y las soltó.
- Nosotros también hija.- respondió la abuela- Mira lo que te tejí.- dijo alzando un hermoso saco a la mitad.
-Gracias mama.- agradeció sincera. A pesar de que ella tenia la mejor ropa, apreciaba las cosas hechas por amor de su madre, y después de todo, el amor a la ropa y su buen gusto, lo había heredado de su madre.- ¿Donde esta Juan?- pregunto mirando a todos lados.
- Seguro lo llamaron de la empresa.- respondió sarcástica Natalia.- Tengo hambre… me voy a ir a decirles a Claudio que traiga la cena.- anunció levantándose de su silla.
- Decile a tu hermano que venga ya, que yo lo ordeno y si no te hace caso, sácale su celular y tráemelo.- ordenó la mamá. Natalia asintió y desapareció por la puerta.- A este chico le vendrían bien ir al campamento.- pensó para si misma.
Micaela prendió la tele y empezó a ver un desfile de modas que era directo de Estados Unidos. Las mejores marcas del mundo desfilaban y ella tenía que verlo por el trabajo. Al rato, apareció Natalia con un celular en la mano y se tiró a los brazos de su mama.
- ¿Qué pasa Nati?- preguntó extrañada Micaela.
La puerta sonó fuerte contra la pared y apareció Juan con sus ojos llenos de furia. Se aproximo a zancadas hacia Natalia y la agarro del pelo. Micaela se paro y le saco a Natalia el celular de la mano, le hizo un gesto a su hijo para que suelte a su hermana y Juan no le quedo otra que obedecer.
Yo se lo ordene.-dijo mirándolo con enojo.- ahora a comer, mañana vamos a hablar Juan.- amenazó furiosa la mama de los dos jóvenes.
- Ya tengo plata mama, chau.- se despidió Carlos y salió de su auto.
Toco timbre del departamento de su amigo German, y se puso a un costado para que no lo viera la cámara. La mamá toco bocina y el le levanto la mano despidiéndose. El auto desapareció en la esquina.
- ¿Quién es?- preguntó el portero.
- Carlos el amigo de German.- No se escucho ni una palabra en el portaro, hasta que sintió que cambiaban el lugar.
- Soy yo salame, subí.-dijo
Carlos le hizo caso. Fue hacia el ascensor y subió al piso diez. Toco el timbre del departamento de German y le abrió su amigo.
- Pasa hermano, no sabes las bebidas que conseguí.- dijo German abriendo la puerta.
- ¡Esa! Pero… ¿ y tus papas?- preguntó nervioso Carlos. Muchas veces los encontraron ebrios antes de ir a fiestas y los habían regañado muy mal.
- De viaje man.- contestó y se fue a atender el timbre que seguro eran el resto de su grupo de amigos.
Carlos saco de su campera una botella de Gancia que había robado del viñedo de su papa y la escondió en su campera. Sonrió y fue a la cocina para servirse un poco. El departamento de German era su segunda casa. Se tomo un vaso, y uno más. No tardaron en aparecer el resto de sus amigos: Manuel, Lorenzo, etc. Todos trajeron algo de bebía alcohólica y hacían apuestas entre ellos. Carlos llego a estar borracho después de perder el número de tragos, y solo eran las once de la noche.
Natalia fue hacia su pieza luego de ponerse el pijama. Eran como las doce de la noche, y tenia ganas de dormir. Al otro día partían temprano hacia Francia.
Entro a la pieza y vio desde la ventana la luna. Brillaba en lo alto y, hasta pudo ver las estrellas. En Francia resultaba imposible verlas porque las múltiples luces de la ciudad no las dejaban visibles. Recordó que en el campamento les habían enseñado a como guiarse por las estrellas.
Su celular vibro y la saco de sus pensamientos. Fue a ver el mensaje.
Mensaje de Texto: ¿Vamos a vernos este año en el campamento?- Roció. Natalia sonrió al ver el remitente y le mando un "si". Estaba feliz porque volvería a ver a su mejor amiga desde los cinco años. Se habían conocido en el campamento, pero ella era de Santa Cruz, así que solo se veían en las vacaciones.
Natalia en el año iba a tres lugares diferentes: Desde Marzo a Julio iba a un colegio en Paris, y desde Julio a Noviembre iba al internado aventista en San Ignacio, porque su mama después de las vacaciones de invierno empezaba viajar en las giras mundiales. Y como en el verano estaba ocupada con los diseños, la mandaba al Campamento Schneider.
- Permiso.- escucho que decían mientras abrían la puerta. Era su mamá.
- Mamá… ¡hasta que viniste!- le reprocho la joven.
- Si, disculpa mi amor estaba atendiendo...
- Asuntos de trabajo, que raro...- dijo sarcástica.- Voy a dormir mamá, tengo sueño.- se dio media vuelta para dormir.
- Mi amor quiero hablar con vos.- dijo la mamá.
- ¿Qué pasa?- preguntó Natalia con voz cansina.
- Yo se que a vos te molesta que yo apunte tanto a mi trabajo.- empezó a decir su mamá.
- Si, siempre te lo digo... -
- Te voy a decir porque trabajo tanto... no es porque eso sea mas importante que vos y Juan.- interrumpió Micaela.- Yo se que vos crees que nosotros nos mantenemos por la herencia de tu padre, pero no es así.-dijo y espero la reacción de Natalia
- ¿Qué?- preguntó sorprendida por la confesión de su madre.
- Yo trabajo tanto porque no recibimos un peso de la herencia.- contesto abruptamente la mama.- Es una larga historia, si queres te la cuento.- ofreció.
- Claro.- aceptó Natalia y se giro hacia ella.
- Yo me puse de novia con tu papa a los quince años, tuvimos varias idas y venidas, pero nuestro amor siempre era fuerte.-contó la mamá.- Yo me enamore perdidamente de el, y el me correspondía.-dijo suspirando.- A los dieciocho años yo seguía con él, un día nos fuimos a un boliche a celebrar que me haya graduado pero tomamos de mas los dos y...
- Se acostaron.- interrumpió Natalia con una sonrisa pícara.- Así que así nació Juan.- agregó un poco perpleja.
- El nunca se acordó lo que paso esa noche por el alcohol, pero yo si.-dijo con una sonrisa.-Me hice un test de embarazo al poco tiempo porque no me venía la menstruación y me salió negativo, así que no vi necesario en decírselo a tu padre... -
>>A la semana, tu papa me confeso que se iba a ir a terminar su carrera en Buenos Aires, pero que no se quería separarse de mi. Yo decidí cortar con él porque era joven y no quería tener una relación a larga distancia.-termino de contar y suspiro hondo.- El se fue al mes siguiente.-
>> Mientras tanto, yo empecé a tener todos los signos de embarazo. Con una amiga decidí irme al ginecólogo y descubrieron que estaba embarazada.
>>Yo no sabía como decírselo a mis padres. Así que aproveche que hace rato me perseguía un señor mayor con bastante plata y les dije que quería ir a Córdoba a Estudiar, pero en realidad me fui a vivir con él y también seguía mi carrera. El desde el primer momento supo lo mió y me apoyo.
>> Con el tiempo nació Juan y lo criamos juntos. Después de un año y medio, murió este señor y yo volví a Posadas para decirles la verdad a mama y papa. Ellos pusieron el grito en el cielo, pero yo ya tenía casi veintiún años y era mayor de edad. Hubo varias sospechas que yo había matado a este señor pero no tenían pruebas.
>> En el verano volvió tu papa y me invito a salir. Al poco tiempo nos pusimos de novios, y no tuve más opción que presentárselo a Juan. Le aclare desde el principio que el era su hijo pero tenía sus dudas. Por orden de mis padres nos casamos al mes, y no tardaste en nacer vos. Así es como le llevas dos años a Juan.
>>La ley no permitió a tu papa ponerlo en el testamento a Juan, pero si solo a vos, porque hasta ahora a mi me consideran una sospechosa por la muerte del mi ex. Cuando murió tu papa solo causo que aumentaran sospechas y sumes moles, las sospechas de que yo soy la asesina de tu padre. Por eso yo no gano nada de las dos fortunas, pero por suerte el otro señor lo puso a Juan en su testamento y vos estas en el de tu padre.
- Ah, bueno gracias mama me sacaste mis dudas, buenas noches.- solo dijo Natalia y se giro para dormir. Micaela se quedo sorprendida y decepcionada, pero sabía que su hija iba a sentir: duda.
Los árboles de la ruta se veían como neblina por la velocidad en que estaba manejando. "Es la ruta" se decía en su fuero interno como excusa, y miraba constantemente a su alrededor. Sus amigos lo acompañaban en su aventura, pero el remordimiento no lo dejaba en paz. El alcohol podía acallar su razón, pero no sus sentimientos, tal vez distraerlo pero no quitarlo.
Su vida siempre fue así buscando problemas solo por rebeldía pero cuando estaba en el medio tenia ganas de salir con desesperación. Sentía que algo malo iba a pasar y ¿Cómo no? Si tentaba a la vida y a su propio destino.
Miro una vez mas a sus acompañantes que reían sin ningún buen motivo y decían solo cosas incoherentes, el se les sumaba y cuando volvió su mirada a la carretera, vio una luz que venía directo y lo demás a su alrededor se volvió oscuro. Sintió un fuerte dolor en todo su cuerpo, y después de quien sabe cuanto tiempo estuvo tirado, una persona uniformada de color azul apareció adelante suyo.
- Estas en problemas muchacho.- le dijo el oficial mirándolo con pena.
"La historia de mi vida" se dijo a si mismo y se dejo desvanecer por el sueño acumulado.
Natalia se levantó de su cama, el sol logro levantarla y no tenia ganas de seguir pensando. Miro el reloj colgado enfrente de su cama, eran las diez de la mañana. La noche anterior había salido con sus amigas francesas y había vuelto tarde, en términos franceses.
Busco sus chinelas en el baño y salió disparada a desayunar. Toda la noche le había gruñido la panza por el hambre. Fue a la cocina a ver que podía comer y eligió pan con mermelada y un vaso de chocolateada.
El comedor estaba vació. Su gran casa en un barrio privado en Paris a veces le daba miedo, pero con el carácter que la caracterizaba comió sola en esa gran habitación. De la nada, la puerta se abrió de un golpazo y la figura de su hermano malhumorado y dormido apareció.
- Buen día dormilón ¿amaneciste con humor de perros?- bromeó Natalia con su característica simpatía.
- No jodas.- respondió Juan y fue a sentarse junto con su hermana. Empezó a comer lo que había dejado Natalia.
- ¿Que te pasa?- cuestiono Natalia en un suspiro.
- Mama me quiero mandar al campamento junto con vos.- contestó molesto. Natalia abrió los ojos sorprendida, y Juan gruño.- Dice que estoy todo el día pendiente del trabajo y estudios, y no tengo vida.- explico entrecerrando los ojos.
- Y es verdad, antes de que muera papá vos eras una persona llena de vida, y muy gracioso.- dijo Natalia con una sonrisa.- A veces me sorprende tus múltiples personalidades.-bromeó y vio como el fruncía el ceño.
- Son mis problemas, y vos mismas lo dijiste… era.- enfatizo la ultima palabra.- Aparte yo hace diez días termine el colegio, y voy a comenzar la facultad, no tengo edad para ir a un campamento para adolescentes inmaduros.- agregó golpeando la mesa.
- La mesa no tiene la culpa.- bromeó Natalia en un intento de sobrellevar la situación. Respiro pesadamente y su rostro se volvió serio.- Yo solo soy dos años menor que vos, y voy a ir ahí… vos hasta el año antepasado ibas y lo disfrutabas.- Juan la miro enojado-Sabes que dijo la verdad, aparte Juan yo soy menor y mas irresponsable que vos, pero mucho mas madura.-dijo y salió de la habitación para su propia protección. Su hermano cuando tenía malhumor había que dejarlo solo para que reflexione.
El celular que tanto había pedido, y esperado paso a hacer una molestia esa misma mañana cuando empezó a sonar despertando de su sueño con Rihanna. Estiro su mano hacia el celular y contesto sin ver el remitente.
- Hola.- dijo con voz dormida.
- Hola man.- saludaron del otro lado del teléfono y sabia que era su amigo German
¿Qué pasa que llamas a esta hora?- Una risa sonó del otro lado. Su malhumor era inevitable.
-Mi vieja me dijo como castigo me va a mandar al mismo Campamento que vas a ir, y a Fran también.- contó German y rió un poco más.
- Pero que suerte, no voy a tener que ir solo.- dijo irónicamente.- Ojala me castiguen de esa forma.-agregó innecesariamente.
- Eso es por tomar esa noche.- comentó German con un tono serio. Carlos espero escuchar una risa que acompañara al comentario. Silencio. Estaba claro que German no bromeaba.
- Ahora te venís a hacer el responsable...
- Como digas... nos vemos mañana entonces amigo, rumbo al campamento Schneider.- se despidió German.
- Si, claro... chau.- cortó Carlos el teléfono.
Miro la hora en el celular. Eran las diez y media. No tenia ganas de seguir durmiendo así que decidió levantarse.
Miro a su alrededor el desorden de su pieza, y vio al lado de la puerta de entrada, una canasta llena de ropa. Tareas del hogar como castigo. Iba a hacer un largo día y el lo tenia claro.
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El vuelo hacia Buenos Aires, Argentina esta a punto de llegar. Escucharon en el alta voz, repitiendo varias veces en francés, ingles y castellano. Eran muy comunes esos viajes para ellos. Siempre lo hacían, y lo disfrutaban.
Micaela se paro de su asiento y miro el cartel virtual.
Siguiente vuelo:
Buenos Aires, Argentina 23. 15 hrs.
Natalia y Juan se pararon y agarraron sus bolsos de manos, y siguieron a su mama. Se pararon frente al embarque, y Micaela abrazo a sus hijos.
- Los voy a extrañar.- dijo cariñosamente.
- Nosotros a vos.- dijo Natalia abrazando más fuerte a su mamá. Los hermosos ojos celestes de su mamá se llenaron de lágrimas. Cada despedida era igual.
-Nos podemos evitar esto si nos quedamos.- bromeó sarcásticamente Juan soltándose del abrazo.
-De a poco volves a hacer vos hijo.- comentó acariciando su mejilla.- Te va a hacer bien este viaje, y eso que todavía no llegaste al campamento... te quiero.- agregó dándole un beso en la frente.
- Chau hija, te amo.- dijo dándole un beso en el cachete.- Cuídense, y disfruten.-
Juan y Natalia se dirigieron hacia el embarque y voltearon sincronizadamente a ver a su mama que tenia los ojos llenos de lagrimas. Una sonrisa se les dibujo en el rostro de los tres, y fueron hacia el avión.
Carlos, German y Francisco bajaron del BMW de Gabriel. El chofer bajo sus valijas. El autobús que los iban a llevar hacia Santa Cruz, donde se encontraba el campamento, no llegaba todavía. Gabriel le hizo una seña a su chofer para que se vaya, este obedeció.
Mientras esperaban decidieron sentarse en un banco. Carlos recorrió con su mirada el lugar, había varias familias esperando a que llegase el colectivo. Quince minutos estuvieron pensando cada uno, hasta que apareció un taxi y de ahí bajaron dos jóvenes. Una chica y un chico, el taxista bajo sus valijas y el chico le pago. Los dos junto a ellos eran los únicos que no los acompañaba sus familias.
La chica giro hacia Carlos y sus amigos, y la mirada de ella y de Carlos se cruzaron un largo rato, sin pestañear se miraron y se observaron de pies a cabeza. Se los dibujo una sonrisa en la cara como reconociendo a alguien que habían esperado hace mucho, pero la chica desvió la mirada primera ya que el chico empezó a llamarla por su nombre.
- Natalia.- le decía el chico que la acompañaba. Carlos se dio cuenta que eran hermanos, porque tenían gestos, miradas y la sonrisa parecida, a pesar de ser físicamente distintos. La chica era de estatura normal, no media mas que un 1.60, era de contextura normal, ni flaca ni gorda con curvas, de tez blanca y tenia un hermoso cabello con ondas que le llegaban hasta la cintura y de color pelirrojo, tenia ojos color miel y grandes, una nariz recta y una boca carnosa de color carmesí. Su hermano, en cambio, era musculoso, muy alto, era moreno. Tenía rasgos marcados y tenia apariencia nórdica, ojos celestes y pelo rubio albino. Los dos tenían una belleza peculiar, eran descendientes directos de europeos pero tenían rasgos argentinos, que los hacían ver interesantes, cada uno a su manera.
El autobús apareció enseguida, y los hermanos fueron a hablar con una coordinadora, quien los reconoció y los hizo pasar enseguida.
Los tres amigos se pararon, y fueron a la misma coordinadota, les dijeron sus nombres y les mostraron sus documentos. Les hicieron poner sus valijas en el baúl y subieron al autobús para ir rumbo a Santa Cruz.