Una interesante novela que te atrapara...
Capitulo 7
Arriesgarse.
Reír es arriesgarse a parecer tonto.
Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental.
Hacer algo por alguien
es arriesgarse a involucrarse.
Expresar sentimientos es arriesgarse
a mostrar tu verdadero yo.
Carlos miro una vez más el lugar donde había estado Natalia bailando con sus amigas.
No tenia porque tratarla así ella solo se había preocupado por él, pero tenia miedo. Miedo a lo que sentía hacia ella. Era un sentimiento nuevo y mágico pero sentía que no estaba listo para… amar.
Miró a un lado suyo su quinto vaso de vodka. Generalmente no se emborrachaba tan rápido era un poco más resistente, pero esa noche había llegado a un nivel en que no iba a recordar nada y se desinhibía mucho más de lo que era.
Guiado por el alcohol decidió ir a buscar a Natalia. Fue sin tratar de caerse a la pista, pero solo encontró a sus amigas bailando así que decidió ir a ver entre los rincones.
La poca luz y el amontonamiento hacia que le cueste llegar a los cuatros rincones mas grandes en el salón así que decidió ir a descansar en el baño, donde podía sentarse y estar tranquilo.
La puerta fue todo un reto abrir pero cuando estuvo adentro, pasó rápido hacia un closet para poder vomitar.
Cuando pudo vaciar todo de su estomago, escuchó unos ruidos en el closet de al lado, no tardo en pararse en el inodoro para poder ver a la pareja que se estaba besando. El por el alcohol hacia lo que pensaba.
Pero para su sorpresa, vio a Natalia besándose con un chico. Nunca había imaginado que sería justamente ella.
Sin poder ver más la pasión que desprendían, bajo del inodoro y salio corriendo hacia la cabaña.
Lo último que quería era que ella lo vea en ese estado.
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Los parpados del joven se abrieron de golpe, trato de levantarse, pero un dolor en la cabeza le agarro de repente, se llevo la mano a su cabeza y se toco la frente. Miró a todas partes, y pudo ver que estaba solo en la pieza. No recordaba lo que había pasado a noche, pero sabía que algo le dolía no solo físicamente, sino también emocionalmente.
Cerró los ojos abruptamente, una serie de imágenes pasaron a su cabeza, recordándole lo que había pasado la noche anterior. Todo volvió a su memoria, hasta cuando había llegado a la cabaña y no había parado de llorar y repetirse que fue su más gran error haberse fijado en Natalia.
Cuando volvió a abrir los ojos pudo verla entrar con su equipo de gimnasia que le quedaba perfecto. Marcaba su chica cintura y sus piernas tan bien formadas. Todo en ella era lindo.
- Hola Carlos, por fin te levantas.-dijo dándole un beso en la mejilla.- A noche cuando llegué estabas durmiendo, pero me di cuenta que estabas medio ebrio así que te lleve al baño a vomitar y te di un te para que duermas mejor…
<< Ella siempre tan atenta, siempre se preocupa por mi, pero como amigo>> pensó Carlos.
- Gracias Natalia.-respondió el secamente.
Natalia se le quedo viendo. No entendía como después de todo lo que había hecho por él, aun después de que le allá tratado mal la noche anterior, el seguía estando seco con ella.
- No entiendo porque sos así conmigo…
- ¿Sabes lo que pasa? Me da rabia que te valores tan poco a ti misma como para besarte con el primero que se te cruza.- gritó Carlos.
- ¿Cómo?-
- Si, te vi con ese chico rubio besándote en el baño de hombres.-contestó enojado.
- Yo no soy ninguna rápida, yo a el lo conozco desde chica, es el hermano mayor de Roció, y se me beso con el es porque estoy segura de lo que siento…
- ¿Y lo que el siente por vos?-
- No…pero yo…-
- Ves, al final si eras lo que yo pensaba cuando te conocí.- dijo desilusionado.
Carlos se levantó y fue hacia al baño dejando con las palabras en la boca a Natalia.
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- Chicos después que terminen de comer, hagan una ronda a fuera que vamos a presentarlos a los nuevos coordinadores.- anunció María por el alta voz.
Los grupos volvieron a hablar en cuchicheos. Natalia, se levantó y fue a tirar sus sobras, cuando volvía hacia su mesa, paso por la de Carlos, y levanto su mano para saludar a los amigos de este, y pudo ver la mirada fría que le dirigía. Un dolor intenso se hizo en su corazón, pero mostró indiferencia.
Llegó a su mesa, y Luna también ya había terminado de comer. Quedaron para encontrarse en el patio a esperar que el resto termine.
Fue a sentarse en el pasto y recordó todo lo que había vivido desde chiquita hasta ahora con Eduardo. Estaba muy feliz que este le debe bolilla al fin, pero no podía evitar sentir que solo era algo pasajero.
- Nati ¿Por qué estas tan pensativa?- se acercó Luna hacia ella.
- Sentate quiero contarte algo.-contestó Natalia.
- ¿Qué pasa?- preguntó Luna haciendo caso a su amiga.
- Ayer me lo chape a Eduardo. – Luna quiso gritar, pero Natalia le tapo la boca.- Te cuento todo, pero no cuentes a nadie ¿dale?- Luna asintió.
>> El fin de semana que fui a casa de Roció, nos paso a recoger Eduardo de la Terminal. Cuando me vio me saludo con una sonrisa, tan calido como siempre y me dijo que estaba mas alta, pero pude ver como que se fijaba mucho en mi, Roció me lo comentó mas tarde. Durante el almuerzo fue normal, me trataba como una invitada, educado pero sin prestarme demasiada atención. A la noche íbamos a ir a una fiesta en la casa del primo de Roció, cuando salí del baño después de cambiarme, me había dicho que estaba muy linda y yo le dije que a su novia no le agradaría que me dijera eso, y el me dijo que había cortado. Lu, no te puedo explicar me alegría cuando me dijo eso. Después nos llevo a la fiesta y el nos dijo que el se iba al boliche. Me puse mal cuando nos confesó eso, ya que al día siguiente solo me encontraría para el desayuno y la despedida para regresar al Campamento.
>> Sin saber porque, a la noche se me dio por tomar, pero cuando estaba por agarrar el sexto vaso, alguien me lo saco de la mano y me llevo a bailar, me pase toda la noche en los brazos de esa persona, y al otro día cuando me desperté, me vino a la mente todo y era Eduardo el de la noche anterior. Después no lo vi en el desayuno ni en la despedida como había supuesto.
>> A noche, en la fiesta, me enoje con Carlos y me fui hacia fuera, entonces lo vi llegando con sus amigos, se me acerco y me invito a bailar, me contó su semana, y después de un rato, me invito a tomar algo, nos pusimos medio borrachos y me llevo al baño a besarnos, me pase toda la noche con él en el baño, hasta que caí a la realidad y lo deje solo y volví a la cabaña.
- No te puedo creer, sos una capa Na, pero yo que vos trato de hablar con él, para aclarar lo que paso a noche… no vaya a hacer que te tome como rápida o que se enoje con vos por dejarlo solo.- aconsejó Luna.
- Si, ya se, es que…
No pudieron seguir su conversación ya que el resto de los Campistas vinieron hacia donde estaban ellas para hacer la ronda.
No tardo en aparecer Nicolás Schneider para presentar al resto de los coordinadores que los acompañarían hasta que termine el Campamento.
Presentó a varios Coordinadores, los nombres que Natalia pudo retener fueron, Manolo, Ángel, Andres, todos tenían algo en común: eran hombres y ex campistas.
- Ahora les presentamos al último coordinador.- dijo Nicolás.- Con ustedes… Eduardo Benítez.- agregó con aplausos.
Todos empezaron a aplaudir. Eduardo apareció por el hueco que había dejado el grupo para que pasen los coordinadores, y llego hasta al lado de Nicolás e hizo una vuelta y agarro el micrófono.
- Hola a todos, yo soy Eduardo Benítez, su nuevo coordinador.- saludó.- Soy un ex campistas, y tengo 23 años, soy hermano mayor de Roció.- dijo mirando a Juan quien tenia un brazo rodeando a Roció por el hombro.
Todas las chicas aplaudieron alocadas. Eduardo era un chico hermoso y muchas al igual a Natalia, habían estado enamoras de él desde chicas.
Carlos pudo reconocer a Eduardo antes que diga que el hermano de Roció, sabía identificar muy bien a las personas que le hacían algún daño, y el le estaba haciendo eso, al llamar la atención de Natalia como ese mismo momento, podía ver la sonrisa que se le había dibujado y el no podía aguantar ese situación. Sin pensarlo, se levantó y fue hacia la Laguna para pensar.
Se sentó bajo la sombra del un árbol y agarro una piedra para tirar a la Laguna. No quería pensar en que terminarían la historia de Eduardo y Natalia en el verano, y el estando presente en la misma cabaña que ella. Un sufrimiento indescriptible se apoderó de el. No sabía hasta que punto sería capaz de aguantar. Desde los doce, el había tenido muchas novias, de las cuales había “enamorado” a muchas y les había roto su corazón poniendo les los cuernos o dejado por otra mas hermosa, pero nunca en su vida había imaginado que cuando a el le guste enserio alguien, esa persona ni lo registraría ni siquiera como una aventura.
Y en carne propia estaba experimentado aquel dicho tan conocido: “todo lo que uno da, se devuelve”.
- Veo que te gusta estar solo cuando estas triste.- interrumpió una voz su pensamiento. Carlos se giró y pudo ver parada enfrente de él a Celeste. Esta se acerco a él y se sentó a su lado.- Es común porque sufrís Carlos, yo también lo estoy haciendo ahora.-dijo mirándolo a los ojos.
- ¿Por qué crees que sufro?-preguntó.
- Por el amor de Natalia.- Carlos la miró desafiante un rato, y luego pudo ver compresión en los ojos de ella, y no pudo seguir sosteniéndole la mirada.- Escucha Carlos.-dijo levantándole el mentón para que la mire.-Lo peor que podes hacer es estar acá lamentándote sin jugarte por ella, hace poco la conoces y si no se enamoro de vos todavía es porque es difícil y vos sos varón, por lo tanto tenes que tomar las riendas la situación.- aconsejó.
Carlos se la quedó mirando un rato, sin saber que decir. Tal vez tendría razón, no era cosa del destino que el este mal sino que ella era difícil y a Eduardo hace mucho tiempo lo conocía. Podía ser que todo no este perdido, pero sabía que tenía mucho miedo que ella lo rechazará después de que luche por ella. Porque si algo era verdad, su contrincante era muy difícil de superar.
- No se que estes pensando Carlos.-dijo llamando su atención Celeste.- Pero no vas a llegar a Natalia sin juégartela, ella es muy orgullosa.- agregó y se levantó dejándolo solo con la vista perdida en la Laguna.
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Toda intención que tenía Carlos de llegar a conquistarla se derrumbo al siguiente día. Eduardo iba todos los días a correr junto ella y no se separaban más.
El no podía evitar morirse de celos al ver que hacían picnic en el almuerzo, cuando veía divertirse juntos y mas cuando el trataba de acercarse y enseguida llegaba Eduardo para interrumpir la conversación.
Ese día irían a la playa el grupo de él y de Natalia, sumado su hermano y el hermano de Roció. Cuando se enteró no pudo evitar enojarse, pero por no decir su motivo, tuvo que aceptar.
Tomaron el colectivo en la entrada del Campamento, y en media hora ya estaban en la playa del Lago Nahuel Huapí. El calor era tan intenso ese día, que podían meterse al Lago.
Dejaron la canasta en medio de la playa y las chicas fueron a ponerse las bikinis. Los chicos quedaron en armar el lugar para comer.
- Esto tendrían que estar haciendo las chicas.-se quejó German poniendo la mesa.
- Si pero ellas tenían que irse a cambiar al baño.- las defendió Francisco.- ¿no me vas a querer decir que no queres ver a Roció en bikini?-Eduardo y Juan se dieron vuelta para amenazarlo con la mirada.- ¿O vos Carlos a Natalia?- De vuelta ellos dos se dieron vuelta mirándolos amenazadoramente.- Es joda chicos.- agregó guiñándoles un ojo.
Carlos se había quedado callado. La verdad nunca había visto en bikini a Natalia, y era una imagen con la que había soñado desde que la conoció. Las últimas semanas en que el se había centrado en su personalidad, y pensar solamente en lo que realmente ella era, había echo que se olvidara de la idea que hacía que se excitara. Su cara era hermosa, no tanto como la de Roció ni la de Celeste, pero tenía una expresión mucho mas encantadora que las de las de sus amigas, sin dudas era la mas femenina y delicada de las tres. Y si le sumabas su personalidad, era perfecta, su cuerpo solo sería un adjetivo más que añadiría su atracción hacia ella. El había notado sus curvas con las ropas ceñidas que ella usaba, o sus largas piernas, pero tener una visión de su cuerpo con pequeños trozos de tela, sería muy curioso para él. Pero tenía que admitir, que ya poco importaba su cuerpo, eso no haría que le deje de gustar lo que ella realmente era y por lo tanto, de sufrir por ella.
- Carlos ayúdame a extender la sombrilla que esta dura.-pidió Celeste.
Carlos fue hacia ella, y Celeste le dio en sus manos la sombrilla. Carlos busco un punto en que apoyarlo en la arena, y trato de abrir la sombrilla, estaba muy bien cerrada, y no podía abrirla. El calor daba directo hacia el y su remera era negra, por lo que se intensificaba mas. Se saco rápidamente la remera y volvió a hacer fuerza para abrir. Sus músculos del brazo y del pecho se endurecieron y trato de abrirla con todas sus fuerzas, doblo sus piernas e hizo mayor presión contra el suelo, después de un buen rato, la sombrilla se abrió y el cayó en la arena caliente, y sobre él una gomita para el pelo partida a la mitad. Carlos miró hacia arriba y pudo ver la mano de Celeste extendiéndole para ayudarlo a levantarse, el la rechazo y apoyo los brazos en el suelo y se levantó. Cuando miró hacía el resto del grupo, pudo ver que las chicas ya habían vuelto, y se lo quedaron viendo. Carlos no pudo evitar sonreír al costado, cuando noto la mirada absorvedora que le dirigía Natalia. Sus ojos se encontraron, y ella miró hacia otra parte, ruborizada.
- Creo que esto es tuyo.-dijo agarrando la mano de Celeste, y dejando el pedazo de gomita en ella. Celeste le sonrió seductoramente, y el le devolvió por no ser descortés.
- Creo que me olvide en la sombrilla, por eso no se podía abrir.-dijo con una risa divertida.
Natalia los quedo viendo sorprendida, Carlos y Celeste parecían una pareja prometedora.
Carlos soltó la mano de Celeste, sin entender las intenciones de ella. Un día le aconsejaba que se juegue por su amiga y al otro le tiraba onda. El sabía que las mujeres eran muy traicioneras unas con otras, pero la amistad de Celeste y Natalia parecía verdadera y el nunca se hubiera esperado esa reacción por parte de ella, pero pensándolo bien, el nunca fue nada con Natalia, mas que amigo así que no había nada malo que se metiera con él. Hasta sabía que a Natalia no le importaría, si no sentía nada más que amistad por él. Una sonrisa amarga se formo en su cara y bajo la mirada.
Celeste espero que el resto se vaya para acercarse a él, y le levantó el mentón.
- Te dije que tengas ánimos, y que te juegues por ella.- le recordó y le dio un beso en el cachete para después dejarlo solo.
Carlos se llevó la mano en la mejilla besada, y la miro irse con los otros. No la entendía para nada, pero después la siguió. Nunca supo que alguien los espiaba detrás de los árboles.
Se sentaron para comer. Natalia era la que repartía la comida para todos.
- Gracias.-agradeció Carlos dirigiéndole una sonrisa. Natalia solo lo miro fríamente.
- A ver… ¿quién no opina que esta comida esta deliciosa?-preguntó Luna llamando la atención de todos. Todos asintieron.- Eso es porque yo lo cociné.-
- Eso hay que verlo.- bromeó Morena.- Cuidado si después se pasan todo el día en el baño.-
- ¿Te acordas de esa vez Natalia?-preguntó Roció.- La pobre comió un pedazo de la torta de Luna y se paso todo el día en el baño en día de Año Nuevo.-
- Esa fue la primera y última vez que comí comida no comestible de Luna.- dijo haciendo reír a todos.- Desde esa vez cada vez que me daba comida, se la daba a Micaela.-
- Con razón que la pobre le salían granitos antes de los desfiles.- dijo Laura.- O vomitaba antes de una competencia.-
- Eso ya no, no le echen la culpa a mi comida por problemas hormonales o nerviosos de Micaela.- dijo Luna riéndose.
- Si pero justo coincidía que comía tu comida y tenía esos problemas.-dijo Natalia.- Vos tenes que poner un restaurante que se llame “Comida no comestible para regalarse a tus contrincantes”, te juro que me salvaban la vida esas comida antes de una competencia con Micaela.-
- Que mala Natalia.- dijo Francisco en broma.
- Fran, Natalia siempre fue un alma malévolo, ya es algo con que nació, algo que ya esta en su ser.- agregó Roció embroma.
- Que pavadas dicen las mujeres ¿o no Carlos?-preguntó Eduardo mirándolo con una sonrisa.
- No me metas a mí.-respondió mirándolo frío.
- A ver una foto.- interrumpió Celeste. Agarro la cámara- A ver júntense todos.- Pudo ver como Eduardo se acercaba a Natalia para abrazarla por la cintura.- Todos los que son personas, ósea, excluyó a Eduardo.- Todos se rieron por el chiste.- Broma Edu, lo que te quiero decir que saque vos las fotos porque sos el mas grande.- Eduardo asintió y fue hacia ella.
Les sacaron la foto y Celeste pudo separar a Natalia y Eduardo. Después decidieron ir a meterse al agua.
Carlos ya se había sacado la remera, así que se metió directamente. Jugo un rato con Celeste y con sus amigos. Se salpicaban agua, hacían carreras, jugaban a quien aguantaban más la respiración. Por un momento pudo olvidar todo su sufrimiento y disfrutar el presente. Junto a Celeste se sentía un niño, se daba cuenta que la chica era de oro y se estaba formando una linda amistad. Sacándole de los pensamientos Francisco vino y lo hundió bajo el agua. Cuando consiguió sacarlo de encima, levanto la vista y pudo ver a lo lejos a Natalia y Eduardo sentándoos bajo la sombrilla sacándose fotos, y riendo. Para su suerte, Eduardo lo llamó para que le saque una foto junto a Natalia.
Se acerco a ellos y tomo la cámara, esperó que se levanten. Primero lo hizo Eduardo y luego, la ayudo a Natalia, y por primera vez pudo ver su cuerpo en bikini parada. Era sencillamente perfecto como se lo había imaginado. Tenía la piel bronceada y brillaba por el sol. Tenía unos pechos voluptuosos y redondos, perfecto con la simetría de su cuerpo, una cintura chica y panza liza, sus piernas largas y bien formadas. Levanto la vista y se encontró con la mirada de aquel precioso rostro, con ese encanto que tenía y su pelo colorado caía en espesas cascadas. Nunca en su vida había visto una mujer que este echa tal cual sus sueños. Sin duda si fuera más alta podría a ver sido modelo.
- ¿Vas a sacar la foto Carlos?-preguntó Eduardo rompiendo el momento. El solo asintió y Eduardo abrazo por detrás a Natalia listo para la foto. La saco y se quedo viéndola, como desearía ser el quien la abracé.
De nuevo ese sentimiento de dolor en su corazón, y esa frustración que comenzaba en su pecho y se extendía tensando los restos de sus músculos surgió y antes de hacer una escena le entrego la cámaro y se fue corriendo hacia un descampado.
Se sentó en una roca y se agarro de los pelos, gritando con todas sus fuerzas. Quería soltar todo ese sufrimiento contenido.
No entendía porque le pasaba esto a él. Siempre las personas que eran más importantes para él, no le difundían el cariño necesario a excepción de sus amigos. Siempre el carecía de amor. Miró al cielo y volvió a agarrarse los pelos, no podía seguir así, tenía que enfrentar la situación. Una idea empezó a maquinarse en su cabeza, después de pensar un largo rato, se levanto y volvió con el resto aguantando el resto de la tarde los acercamientos de Natalia y Eduardo.
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-Vamos a tu pieza.-le había susurrado en el oído Eduardo y Natalia no pudo resistir dejarse llevar entre besos.
Sentía que estaban yendo muy rápido, pero dado que el nunca la toco en otro lugar que no sea la cintura o la mejilla nunca se sintió intimidada, y menos, con los besos tan dulces que le daba.
Ahora estaban sentados en la cama de ella, besándose. Ella tenía los brazos en el hombro de él, y el la agarraba una mano en la cintura y otra en el cuello.
No podía pensar, solamente en el placer que le producía esos besos tan dulces, pero sin lengua. Eduardo la respetaba, sabía que eran sus primeros besos y que tendrían ir de a poco. Ya bastante era que le deje besarla.
Pero Eduardo ya no se podía contener, por mucho tiempo había tenido ese deseo reprimido por ella desde que ella tenía trece y el tenía veintiuno, se sentía un pedo filo por besar a alguien ocho años menor que él, pero había en ella que aparentaba ser mayor y ella era muy madura.
Dejando ser guiar por la pasión empezó a besar su mejilla, para bajar por la mandíbula y sentía como ella se tensaba, pero no podía parar por el ferviente deseo.
Antes que pueda a llegar a besar su cuello, escucharon como la puerta se abría, y Natalia lo empujo fuertemente por los hombros para que se aleje.
Pudo ver lo colorada que estaba, y cuando miraron ambos hacia la puerta, vieron a Carlos mirando sorprendido por la escena.
- Perdona, perdona.-pidió Natalia mirando fijamente a Carlos. No entendía porque lo hacía pero no podía evitar sentirse culpable.
- ¿Perdón, porque?- preguntó frunciendo el seño Eduardo.
- Eh… yo solo venía…- dijo tartamudeando a Carlos.-Disculpen.-hizo ademán por cerrar la puerta, pero un gritó de Natalia lo interrumpió.
- Pasa… Eduardo ya se iba…-dijo directamente mirando a Eduardo. El se levantó y Carlos entró, cuando llegó a la puerta Eduardo, Natalia lo detuvo.- Nos vemos ahora.- dijo tirándole un beso volador. Eduardo le sonrió y cerró la puerta tras sí.
Carlos fue en busca de su ropa, pero antes de que pueda irse, Natalia lo detuvo.
- Carlos por favor… hablemos.- dijo mirándolo con los ojos entornados. Sabía que Carlos no podía decirle que no con esa mirada. Carlos largo un suspiro y se sentó en su cama para esperar que tenía que decirle Natalia.- Mira Carlos, yo te quiero pedir disculpas.-dijo jugando con sus manos.- Se que te decepciono que me valore tan poco… como decís vos- levanto la vista hacia el.- pero te quería decir que no es así, yo si me deje besar es porque se con que persona estoy tratando y… yo a el… lo quiero.- Pudo ver como a Carlos se le cambiaba la mirada, en una expresión que ella no supo identificar.- Pero lo que te quería decir, es que gracias por preocuparte por mi, y por ser tan buen amigo.- dijo y fue a abrazarlo.
Carlos se tensó bajo el brazo de ella, no podía más con el dolor. Una cosa era verlos juntos, otra cosa era encontrarlos juntos besándose de esa manera tan apasionada, y que ella lo admita enfrente suyo que lo quería. La aparto porque quería irse de ahí.
- Natalia acepto tus disculpas… pero yo creo que… vos también tenes que aceptar mis disculpas.- dijo Carlos.- por mas preocupado que allá estado por vos, no tendría que haberte dicho rápida… porque si es así, no lo sos.- agregó sin saber que decir. Le sonrió y se apresuro para irse.
- Yo quería decirte… si queres ir a tomar algo después de merendar.- lo interrumpió Natalia.
- Hoy salgo con Micaela.-mintió.- pero dejamos para otro día.-dijo girándose hacia ella y besándola en la frente. Después se fue… por fin.
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Natalia después de la velada con Eduardo, regresó en plena noche sin tratar de hacer ruidos hacia su cabaña. La había pasado muy bien, el como siempre fue muy atento con ella, y le daba todos sus gustos, y la besaba y acariciaba de una forma tan dulce, parecía que la trataba como una muñeca de porcelana. Nunca le había confesado si sentía algo especial por ella, que tenía deseos hacia ella, lo había dejado muy claro y le había dicho que desde hace tres años atrás. Rió. Nunca imagino despertar esos deseos siendo tan chica a alguien ocho años mayor que ella, pero si lo había sabido sería muy feliz en pensar que tendría una relación con “su amor platónico”, pero no era así.
Para su total asombro, su sueño que había nacido en una niña que jugaba con algo tan simple que el era su príncipe azul y la venía rescatar del malvado brujo (su hermano) y había crecido durante los años llegando al punto de considerarlo, ese amor incapaz de pasar, y al final se había cumplido, tendría que estar muy feliz, pero sentía como que solo era algo pasajero, como fascinación hacia el… pero no amor.
Pero un ruido la saco de sus pensamientos, asustada, trato de ignorarlo, pero de repente sintió unas manos que le tapaban la cara y le ponían una venda en los ojos.
- Eduardo ¿sos vos?- preguntó mientras sentía que le ponía una mano en su hombro y otra en su cintura y la acercaba hacia un cuerpo musculoso.- Eduardo…-dijo pero una boca se apoderó de la suya, trato de apartarse por miedo, pero no podía resistirse y esa persona la agarraba fuerte.
El beso era demandante, el que la besaba lo hacía con pasión, con un ferviente deseo que parecía haber estado bien guardado, pero después se convirtió en un beso dulce, suave, y llenó de amor. Natalia, totalmente fascinada, correspondió el beso con total entrega, siendo inconciente de todo lo que despertaba en ella ese delicioso beso. Después la persona empezó a besar la mejilla de Natalia de una forma muy dulce, y con besos cortos, y ella corría el rostro haber si podía lograr que la vuelva a besar en los labios, de esa manera que casi la volvía loca, pero para su sorpresa escucharon un ruido y el se fue dejándola sola con la venda en los ojos impidiéndola ver.
- ¿Alguien esta ahí?-gritó asustada.
-Si, yo amor.-reconoció la voz de Eduardo. Este le saco la venda y Natalia vio el brillo en los ojos de él.- Así que te gustan los juegos.- dijo y la beso en los labios. Ella trato de seguirle, pero tras un rato, se dio cuenta que el no era quien la había besado anteriormente, y que Eduardo si la besaba con amor, pero ella no sentía ese sentimiento por el.
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“El último día del año”
Leyó Carlos en el enorme cartel afuera del comedor. Que rápido había pasado ese año, nunca se había imaginado que conocería a la persona que cambiaria su vida, y lo haría conocer, el amor y el no ser correspondido. Últimamente todo lo asociaba a ella, en los más mínimos detalles a los más grandes la encontraba.
- Hey man, ¿estas listo para ir de fiesta esta noche?- preguntó German a Carlos.
- ¿Sabes la cantidad de gente que va a ver, en Non- Stop en Bariloche esta noche?-agregó Francisco chocando los cinco con German.
- Si, chicos.- respondió recurriendo a su sonrisa de costado.
Era impresionante como había cambiado en tan poco tiempo.
- Acompañados a la piscina, seguro te podes enganchar a Micaela.- lo invitó German.
- No chicos…ahora tengo que ir a…ordenar mi cuarto.-sus dos amigos lo miraron incrédulos.- Natalia se va a enojar porque veo que comparto pieza con ella, y es muy ordenada.- se excusó y se quiso ir pero German se interpuso.
- Entiendo tu obsesión por ella, pero no podes dejar que te maneje la vida así, vos sos Carlos Golinzoa man, el winner del colegio, el hijo de uno de los empresarios mas importantes de todo el país.- dijo sacudiéndolo por los hombros.
- Esta bien entiendo la idea, pero la verdad es que no tengo ganas de ir.-dijo Carlos.- Nos vemos ahora mas tarde.- se despidió y con paso rápido fue hacia su cabaña.
No podía decirles a sus amigos que estaba enamorado de Natalia, no porque no lo entendieran, sino porque no le crearían. El toda su vida había sido una persona poca dada a dejarse llevar por sus sentimientos y había jugado con muchas chicas, y no se les pasaría por la cabeza asimilar la palabra amor con su persona.
Llegó a la cabaña y puso la llave para abrirla. Como suponía, nadie estaba en ella. Ingreso y fue directo a su pieza, el cansancio por haberse desvelado la noche anterior, había hecho drástico efectos ese día.
Vio el calendario de Natalia, pegado junto a su cama. Leyó el día que marcaba 31 de Diciembre y había escrito abajo con su perfecta letra “Último día del año, hoy todo puede pasar”. Lo leyó en voz alta y se rió.
- Ojala.- pidió.
- ¿Por qué no?-preguntó una voz atrás suyo y se giro para ver a Roció entrando a la pieza.- ¿Y Natalia?- preguntó mirando hacia todas partes.
- Con tu hermano, “su amor platónico”.- dijo mirándola de costado y haciendo las comillas con los dedos en la última frase.
- Que resulto no ser imposible.- opinó ella riendo. El rodó los ojos.- ¿Celoso?- Carlos se dio vuelta y la contemplo seriamente.
- ¿Por qué debería estarlo?-preguntó.
- Por que te gusta.- Carlos negó con la cabeza.- No trates de negarlo, es muy evidente, tendrías que ver como la miras para solo darte cuenta de que tan obvio sos.- Carlos suspiro y se sentó en la cama de Natalia, esperando la siguiente respuesta de Roció.- Aparte… Celeste me contó.- agregó sentándose al lado de él.
- Sabía que no podía quedarse callada.- se quejo mirando hacia otro lado.
- Así que es verdad.- Carlos se giro bruscamente, Roció sonreía complacida.- Ella no me dije nada, solo lo dije para ver como reaccionabas y para saber que mi teoría era cierta.-dijo aplaudiendo con las manos.
- Bueno ahora ¿Qué esperas para ir a contárselo a Natalia?-
- No se lo voy a contar.-dijo Roció. Carlos frunció el ceño.- No lo voy a hacer, ella sola tendría que darse cuenta, siempre fue una persona muy observadora.-
- Pero últimamente solo piensa en tu hermano.-dijo Carlos.
- Si, es cierto.-admitió poniéndose seria. Carlos no aguanto mas y sintió como sus ojos empezaban a cristalizarse. No sabía desde cuando era tan sensible.- Pero no la veo enamorada.-admitió esperando la reacción de Carlos. El negó con la cabeza y enfurecido miro hacia otro lado.
- Esta muerta por él.-
- No, ella cree estarlo porque siempre gusto de él, y es como un sueño echo realidad.- Carlos bufó.- Pero como todo sueño idealista, llega a su fin.- agregó.
- Y eso no pasara hasta que termine el campamento.-
- O hasta que vos te juegues por ella.- aconsejó Roció.- Sabes, yo entiendo porque estas enamorado de ella.-dijo.- No solo porque la conozco desde chica y se lo grandiosa que es como persona, sino también porque ella y su hermano tienen algo en común que los hace distinguieses y atrapar a cualquiera ¿Sabes que es?- Carlos no contestó.- Aparte de su belleza, su encanto personal, son personas carismáticas y muy seguro de ellos, irradian amor propio y por la vida, y tienen un carácter imponente y fuerte, que los hace resaltar en cualquier sea el ámbito que estén.-dijo Roció.
- Pero eso es algo que te atrae, es algo superficial que te puede hacer querer estar con ellos, pero no enamorarse.- opinó Carlos.
- Pero Natalia es la persona ideal para enamorarse, los pocos que la conocieron en profundidad como vos o mi hermano terminando muertos por ella.- contó Roció.- Y es por su esencia, es segura, alegre, y tiene mucho fortaleza interior para hacer que la respetes y la veas como toda una mujer, pero lo que vos mas te enamoro es ese gran corazón puro y confiable que esta lleno amor por darte, y es lo vos anhelas de ella.- Carlos sonrió y la abrazo.
- Tendrías que ser psicóloga.- bromeó.
- Para tratar a enfermos como vos, olvídalo.- bromeó Roció y agrando su sonrisa. Carlos agarró su mano, y la beso.
- Gracias.- agradeció y se paro dejándola sola.
Carlos caminó hacia la Laguna, con un pensamiento en la cabeza.
Hoy todo puede pasar…
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-¡Feliz Año Nuevo!- gritaron todos con las copas en sus manos y sonidos de copas chocando unas con otras se escuchaba por todo el salón de fiestas.
Todos se felicitaban unos a otros, se abrazaban y se deseaban un buen año. Siempre esta fiesta era muy bien recibida por todos los campistas y era un motivo de alegría, lo vivían como una nueva oportunidad de poder mejorar y hacer un año mejor que el anterior.
Carlos se acerco a Natalia y la felicito.
- Gracias.-agradeció abrazándolo.- ¡Feliz año nuevo para vos también!- le dijo al oído y lo beso en la mejilla.
- ¿Tenes un momento para mí Natalia?-preguntó sin soltarla.
- Si.- respondió ella.
- Nos vemos después de la lista de deseos en la Laguna.- dijo Carlos y se apartó de ella. Natalia asintió y fue a saludar al resto.
Carlos aprovechó y fue saludar al resto de sus amigos. Los tenía un poco abandonados últimamente pero cuando el resuelva su problema amoroso, volverían a estar mucho tiempo juntos.
Después del video, agarro la mano a Natalia y corrieron para desaparecer por la puerta, e ir a la Laguna.
Cuando llegaron, el le tapo los ojos y la hizo avanzar para que se sentara en un tronco.
- ¿Lista? Cuando cuente hasta cinco abrí los ojos.- le dijo Carlos.- Uno… dos… tres… cuatro… cinco.- Carlos la soltó y Natalia abrió los ojos.
Pudo ver pasar a una estrella fugaz por el cielo. Tan rápido que pareció como un sueño y la vio desaparecer en el cielo nocturno y estrellado. Carlos se sentó a su lado, y los dos se agarraron la mano y cerraron los ojos para pedir sus deseos. Después de un rato, se soltaron la mano y volvieron a abrir los ojos.
- ¿Cómo supiste que abría una estrella fugaz?-preguntó Natalia.
- ¿No lees las noticias? ¿Qué haces vos de útil en tu vida?-bromeó Carlos. Natalia rió.
- ¿Quéres saber lo que pedí?-preguntó acostándose en el pecho de él. Carlos se sorprendió, pero solo la abrazo para acercarla más contra él.
- Corres el peligro de que no se cumpla.-contestó Carlos.
- No importa.-negó ella con la cabeza.
- Bueno, entonces decime.-dijo Carlos. Natalia se quedo callada un rato con la vista perdidas en las montañas que rodaban el Campamento.- ¿Natalia?
- Que me digas… ¿Por qué… porque jugaste al gallito ciego conmigo?-preguntó con un leve tono de voz. Carlos la levantó y la hizo girar para que lo miré.
- ¿Cómo sabías que era yo?-preguntó.
- Yo te pregunté primero.- dijo Natalia.
- Yo no te voy a contestar hasta que me respondas.-le dijo Carlos.
- Por tu olor.- Carlos levantó una ceja sin entender.- Si oles… no se bien a que, es el mismo perfume que usaba mi papá y ahora usa mi hermano.- dijo Natalia.- Y vos solamente sos la única persona afuera de mi familia, tan loco como ellos para usar un perfume tan repugnante.- rió Natalia , Carlos sonrió.
- Así que…-dijo Carlos acercándose a ella.- ¿Me identificas por mi olor?-preguntó acercándose todavía más. Natalia lo miraba sonriendo y se quedaba quieta en su lugar.- No se si sentirme alagado, u ofendido por tu respuesta, pero igual ese no es el punto.-dijo a escasos centímetros de ella.- Sino, si sabías que era yo ¿Por qué no me detuviste?-
- Contesta a mi pregunta.- dijo poniéndose seria.
- Porque te quiero.- Natalia lo miró sorprendida.
Ahora muchas cosas le cerraban. Lo triste que estaba últimamente, su distancia, lo celoso que se ponía cuando estaba junto a Eduardo. Un sentimiento de culpa la agarro, ¿Cómo pudo estar todo ese tiempo sin darse cuenta de algo tan obvio? ¿Cómo pudo estar besándose delante de él con Eduardo? Cuanto podría haber sufrido por ella. Pero no era toda su culpa, el tendría que habérselo dicho antes.
- Yo cumplí un deseo tuyo.- le dijo Carlos sacándola de sus pensamientos. Natalia notó que la agarraba de la cintura y le acariciaba la mejilla.- Ahora vos cumplime uno a mí.- dijo dándole un beso en la mejilla.
- ¿Cuál?- preguntó Natalia en un hilo de voz.
- Déjame besarte.-pidió Carlos y Natalia solo lo miro.
Carlos se acerco más junto a ella, y agradándola de los cachetes junto sus labios.