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Una interesante novela que te atrapara...

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Capitulo 6.

 

 

 

  Capitulo 6


 

 

 

      Descubrimientos

 

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Natalia miró por la ventana mientras viajaba de vuelta al Campamento. El fin de semana en la casa de Roció había pasado volando. Así es cuando uno disfruta el tiempo.
Roció tenía un hermano mayor, mucho mayor, le llevaba por lo menos ocho años. Desde chica Natalia había mostrado interés por él. El hermano se llamaba Eduardo. Era muy parecido a Roció, y como ella, se destacaba por su belleza.
Natalia llevaba enamorada de él quince años, y siempre lo había considerado su amor platónico. Un amor imposible de pasar, ya que él era mucho mayor que ella, y desde hace cinco años estaba de novio.
Pero ese fin de semana ese amor ya no era tan imposible. Eduardo le había tirado onda, y ella sabía que no se los diría si no mostraría verdadero interés, y el le contó que había roto definitivamente con su novia.
El sábado a la noche había tenido una fiesta, y esa noche se le había dado por tomar. Para su sorpresa, alguien le quitó el vaso, y la llevo a bailar. Cuando estuvo conciente recordó esa hermosa cara con la que había compartido toda la noche, y supo que fue Eduardo.
- Nati si no vas a dormir levántate que me quiero estirar.-dijo Celeste Molina.
Su otra mejor amiga que se había llevado materias a Diciembre, iba al Campamento junto a ellas. Había aprobado las materias, y tenía el resto de las vacaciones para disfrutarlo con ellas.

 

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Todas las mañanas a los chicos se les llevaba a hacer actividades que tengan que ver con la naturaleza. Generalmente eran excursiones en los que les enseñaban cosas sobre animales, plantas, alimentos que se pueden comer, etc.
Esa mañana decidieron llevarlos al Lago Nahuel Huapí. Todos los chicos bajaron entusiasmados del colectivo, a pesar de que muchos vivían cerca u otros venían desde pequeños siempre les daba emoción verlo otra vez.
La Coordinadora María armó grupos de a cuatro. A Natalia, para su suerte, le toco con Carlos, Francisco y German. A Juan y Roció les había tocado con otros dos chicos de Tierra del fuego. Y al resto de sus amigas, juntas.

- Parece que el destino nos quiere juntos Natalia.- dijo Carlos en su oído y agarrándola de la cintura por detrás.- Si te perdes, lo hacemos juntos ¿dale?- propuso Carlos y ella ni se movió.- Ya vas a ver lo que quiero decir.- anunció y la soltó lentamente deslizando sus dedos por la cintura.
Caminaron alrededor de algunos arbustos. Los amigos de Carlos eran muy divertidos. Decidieron descansar en un terreno despejado. Estuvieron tomando agua y hablando por media hora a reloj. Después de dispusieron a seguir. Francisco y German se levantaron y siguieron por un camino, antes que Natalia puede seguirlos sintió una mano en su hombro, deteniéndola.

- ¿Decidiste si nos perdemos juntos?- preguntó Carlos cuando la tuvo cara con cara. Natalia enarco una ceja y Carlos entendió que su propuesta no era clara.- Mira hay dos caminos para elegir, el que se fueron mis amigos, y este otro.- señalo ambos caminos.- Los dos llevan al mismo sitio porque vi un mapa de María, hasta este es mas corto, vamos nosotros dos por el otro.- explicó Carlos.
- ¿Cómo se yo que este no es otro de tus juegos?- contrapuso Natalia.
- Confía en mí.- Carlos estiró su mano. Natalia tras dudar unos segundos, la aceptó.

Carlos la arrastro por el camino que había señalado. Natalia solo lo seguía. Iban en silencio observando las hermosas flores y plantas a su alrededor y el rió bajo sus pies, escuchando a aves cantar y el ruido del viento chocando con las copas de los inmensos árboles.
Después de un rato Carlos de un rato llegaron a un lugar descampado. Era hermoso y tenía salida al Lago. Carlos soltó la mano de Natalia y ella con sus ojos absorbía todo el lugar y una sonrisa se dibujo en su rostro.
- ¿Vos… vos sabias que existía este lugar?- preguntó Natalia.
- Si, yo vine una vez de chico con mi abuelo que vivía en Bariloche.- contó Carlos y se acerco a ella para abrazarla por el costado.- Me acordaba perfectamente el camino, y te quise traer acá para que confíes en mi.- dijo Carlos y la apretujo mas contra el y con la yema del dedo empezó a acariciar la mejilla.- para que veas que vos de verdad me importas como…-
- Amiga.- lo interrumpió Natalia y lo abrazo.- Gracias por traerme a este lugar, yo una vez vine con una persona muy especial.- dijo dejando un beso en su mejilla.
- De nada.- susurró Carlos. Natalia lo soltó y se quedaron mirando a la cara durante mucho tiempo.
El sol daba directo en el rostro de Natalia y el chico podía ver lo linda que era. Sus cejas coloradas y bien marcadas, sus ojos grandes, profundos y color miel con las pestañas largas y bien levantadas, su nariz chiquita y respingada, su boca rosada, grande y carnosa. Y vio como su bello pelo largo, liso, sedoso y colorados se movía a causa del fuerte viento. Y su flequillo se movió de lugar y se poso en la frente de Natalia. Carlos, por instinto, lo coloco en su oreja y una sonrisa de dibujo en la cara de los dos.
Se quedaron hablando y conociéndose un rato mas y después volvieron.

Carlos sintió su corazón gritar de alegría porque había recobrado su confianza.

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Los siguientes días Natalia y Carlos se hicieron muy amigos. Pasaban mucho tiempo juntos y se divertían.

Al grupo se había insertado sin problemas Celeste. Ella era la típica chica extrovertida, que tomaba rápido confianza y hablaba hasta los codos.

Se estaba formando un lindo grupo entre los amigos de Carlos y las amigas de Natalia. Y también se juntaba con ellos Juan cada tanto.

La relación entre Juan y Carlos había mejorado mucho, también era al ver que Carlos ya no mostraba el mismo interés por Natalia.

Así faltaba un día para Navidad y los chicos estaban en la orilla de la Laguna organizando como pasarían la noche.
- A ver... vamos a votar.-tomó la palabra Celeste.- Los que opinen que tendríamos que ir a pasar Navidad en Rió Gallegos e ir un boliche de la zona, levanten la mano.- Laura, Luna, Natalia y Roció levantaron.- ah pero solo son mujeres y son solo cuatro... haber los que opinen que tendríamos que pasar acá la Navidad e ir con el resto de los Campistas a un boliche de Bariloche, levanten la mano.- el resto incluida ella levantaron la mano.- Bien, nosotros somos unos, dos...cinco, ¡ganamos!-gritó eufórica y sacó la lengua a sus amigas. Las chicas bufaron por lo bajo.
- Bien, déjennos por lo menos elegir a que hora iríamos.- pidió Natalia con voz angelical sabiendo que tanto Celeste, como su hermano y Carlos la dejarían. Y eran tres de cinco. Se miraron entre el grupo, y asintieron.

-Gracias.-agradeció y se levantó.- Bueno, yo me voy a preparar las cosas para mañana porque voy a estar muy ocupada-le guiño un ojo a Carlos- después nos vemos.

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Natalia se puso un enterito negro con flores rosadas y unas sandalias gladiadoras para ir a la cita que había quedado con Carlos. Se miró al espejo, sin saber porque quería ir bien vestida. No quiso pintarse para ir natural, pero se había soltado el pelo y puesto una bincha que sabía que le quedaba bien.
La cita no era una cita de pareja sino porque el le quería mostrar algo que según el, le interesaría. Los últimos días se estaban conociendo de una manera profunda y muy rápida. La confianza que se tenían no era normal para alguien que conocía hace menos de un mes.
Bajo por la escalera y fue hacia la cocina para despedirse de su amiga. Según le había dicho Roció esa noche saldría con Juan, en una cita seria. Estaba muy feliz por ella.
- Amiga disfruta esta noche.-dijo abrazándola con alegría.
- Vos también.-dijo Roció con una sonrisa traviesa.
- Lo mió es diferente, salgo con un amigo, nada más.-Roció la miró desconfiada.- Sabes que digo la verdad.-agregó volviéndola a abrazar.
- ¿Interrumpo algo?-preguntaron los dos hombres de la Cabaña. Juan desde la puerta de entrada, y Carlos desde la escalera.
- No, nada, vamos.-respondieron cada una con sus respectivas citas y fueron hacia ellos. Carlos y Natalia escucharon una puerta cerrarse detrás de ellos.
- Hacen una linda pareja.-opinó Natalia dándose vuelta.
- Si, bueno ¿Vamos?-preguntó ofreciéndole su mano.
- Vamos.-contestó riendo por la formalidad de él, y acepto su mano.

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 Carlos le tapó los ojos con una venda, y la guió hacia afuera.
- ¿Dónde me llevas?-preguntó riéndose.
- Espera impaciente.-contestó haciéndole cosquillas.
Carlos la empujaba teniendo sus manos sobre su pequeña cintura. Podía imaginarse tocar su piel bajo la tela que llevaba. Cerró los ojos y paró un rato, aspiro su olor a rosas y sonrió. Últimamente estaba sintiendo cosas muy fuertes por ella. Más allá a la amistad que tenían. Más allá de lo bien que se llevaban, el sentía que quería avanzar más. Pero se amargó al ver que ya había perdido la oportunidad de que lo veo como algo más, porque habían terminado como amigos, y no con la mejor imagen de como trataba a las mujeres.
Subió sus manos y la hizo girar. Le destapó los ojos y pudo ver esos hermosos orbes color miel mirándolo con un brillo. Y pudo notar esa sonrisa tan blanca y perfecta sonriéndole a él. Su alegría era tan contagiosa que el también rió lleno de emoción.
-Date la vuelta.- ordenó y Natalia le hizo caso. Lo siguiente que pudo ver fue como ella se abalanzaba enfrente de él y lo abrazaba con todas sus fuerzas. Carlos no pudo evitar estremecerse por el contacto y por tenerla tan cerca de él, pero rogó que ella no lo notase.
-Gracias sos el mejor amigo que alguien puede desear-y habían avanzado como quería.
Siendo su mejor amigo pensó amargamente.

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La noche transcurrió sin muchos problemas y Carlos pudo conocer un poco más a Natalia. Últimamente, el mostraba mas interés por conocer su personalidad, mas que tratar de histeriquear con ella.

Dada las doce, tuvieron que volver a la Cabaña.

Las estrellas todavía estaban en lo alto, y Natalia le explicaba como guiarse por ellas.


-Cuando lleguemos a Febrero, seguro nos hacen ir a una expedición para guiarnos por las estrellas.-contó Natalia sentándose en las escaleras de la entrada de la Cabaña.

-A mi todavía me falta aprender más, pero sos una gran maestra.-dijo Carlos pasando un brazo por sus hombros.

-De a poco vas a ir aprendiendo.- agregó Natalia acurrucándose en el pecho de Carlos.

 

 

Natalia se quedo viendo las estrellas. Carlos, aprovechó para mirarla. Era hermosa de cara, y sus ojos color miel brillaban por la luna. Si habían sido pareja seguro sería una situación romántica.

Pero somos solo amigos, pensó Carlos. Sorprendiéndose, se dio cuenta que era la tercera vez en la noche que se recordaba su amistad, y se amargaba. Reconoció, por primera vez, que había algo en ella diferente, que lo atraía más que a ninguna otra chica que había conocido en su vida.

Miró en su celular la hora, después de un largo rato, ya estaban por ser las una y mañana tendrían un día entero en la playa.

-Mejor vamos a dentro.- le susurró al oído a Natalia.

 

Noto que se quedo dormida, así que la levanto de su pecho, y la llevo hacia la pieza. Era tan delgada y bajita, que la podía levantar sin problemas.

La poso en su cama cuidadosamente, para que no se levante y se la quedo viendo. Sus pestañas largas y espesas, se abultaban y su nariz respingada y chica, se arrugaba de una manera muy tierna.

A pesar de cualquier sentimiento que creo que es amor, lo nuestro solo puede ser una amistad, pensó Carlos acariciando su mejilla.

 

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La mañana llegó antes de lo que el hubiese querido, quería seguir soñando con Natalia.

Sintió su alarma del celular sonar, y lo apagó.

Ayer se había quedado despierto hasta las dos, y al otro día, lo último que quería era levantarse a las ocho.

Pudo descansar media hora más, pero lo levantaron brincos sobre su panza. Una forma de despertarlo habitual de Natalia cuando se pasaba la hora.

-Demonio colorado, ¿no podes dejarme dormir quince minutos mas?-preguntó.

-Esta bien, ya te saque la ropa para hoy.- contestó con una sonrisa Natalia.

 

Quince minutos más tarde: levantarse, vestirse, lavarse en quince minutos más fue en tiempo record. Natalia no podía parar de reírse.

Tuvieron que correr para llegar al colectivo para ir a la playa.

-Vení, sentate al lado mió.- le gritó Luna y Natalia con la mirada pidió permiso a Carlos. El solo asintió.

 

Carlos se sentó junto a Micaela, ella le había guardado lugar.

-Carlin, el día en la playa va a estar muy bueno.-dijo Micaela agarrando su brazo y acercándolo.- Hoy me puse una bikini salmón.- agregó a su oído.

 

Carlos no tardo en comprender la indirecta, el salmón era un color muy transparente. Asintió para no ser descortés, y se removió incomodo hacia el otro lado del asiento.

El resto del camino Micaela se dedico a hablar sobre las ventajas que tiene tomar el agua sobre el cuerpo. Carlos solo hacia como que la escuchaba, y por dentro no veía la hora de llegar.

Por suerte, su deseo se hizo realidad y llegó pronto. Cuando el colectivo estaciono, Carlos se apresuro a salir de ahí cuanto antes, y alejarse.

Vio a sus amigos a lo lejos y corrió hacia ellos.

 


-Ahí viene Carlin.-dijo German chocándole los cinco en modo de saludo. -¿Cómo te fue en tu cita de a noche con Natalia?-preguntó.

-Bien, pero solo era una cita de amigos.- respondió rodando los ojos.

-¿Y desde cuado la consideras amiga?-preguntó con sarcasmo Francisco.

-Cállense que ahí viene su hermano.- dijo dando por terminado la conversación.

 

Juan se acercó a ellos junto a Roció, este la abrazaba por los hombros y ella reía por las bromas que hacia él.


-Hola chicos ¿Cómo están?-preguntó Roció con su habitual sonrisa.

-Creo que ustedes tienen que contarnos algo.- contestó Francisco al ver su mano sobre el hombro de ella.

-Si, justo le veíamos a comunicar algo.- dijo Juan, y luego, la miró a los ojos a Roció.- Estamos de novios.- agregó con una sonrisa.

-Desde ayer.- agregó Roció.

 

Los chicos los felicitaron con verdadera alegría. Carlos había formado un cariño muy especial esos últimos días, el solo había deseado recuperar la confianza de Natalia, pero la vida había hecho que también se gane la confianza de ellos.

Enseguida, llamó Nicolás Schneider para reunir a todos los campistas que habían ido a la playa. Se acercaron al gran grupo, y se sentaron. Carlos no pudo evitar buscarla entre el resto de los Campistas, hasta que la halló. Estaba sentado junto a sus amigas, y hablaba entretenida con ellas.

Sintió una alegría en su corazón, cosa que ya se estaba acostumbrado y le gustaba cada vez más. Esa alegría repentina, pasaba cuando la veía feliz y disfrutando de la vida. Era como una alegría reciproca.

Nicolás termino de indicar las instrucciones para la convivencia en la playa y las posibles actividades que podían hacer, y los dejo para que hagan de la suya.

Carlos se acerco a Natalia y le tapo los ojos.

 


-Vamos a nuestro descampado?-le preguntó.


Natalia solo sonrió y cuando este le destapo los ojos, ella asintió. Carlos la agarro de la mano, y corrieron juntos hacia los árboles.

Se metieron en el bosque que los conducirían al descampado, pero Carlos la llevo hacia otro camino.


-¿Dónde estamos?-preguntó Natalia.

-En un descampado que da a la Laguna.- respondió con una sonrisa.

-Pero nos podrían ver.- dijo tensa.

-No, porque hay árboles que nos tapan.- dijo y abrió unos arbustos que dejaban a la vista un hermoso paisaje.

 

Natalia cruzó los arbustos y miró el paisaje. Podían verse las montañas del otro lado de la laguna, la playa estaba llena de pasto, y daba a la laguna. A sus alrededores estaba rodeado de árboles que hacían que este fuera un pequeño escondite. Era muy hermoso. Natalia suspiro y se tiro a los brazos de Carlos.


-¿Dónde conoces todos estos lugares?-preguntó curiosa.

-Nico siempre me pide ayuda a ordenar sus mapas, y yo aproveche y miro otras zonas.-contestó.

-Contame algo sobre vos.- dijo Natalia sentándose sobre una roca y dirigiendo a Carlos que se siente junto a ella.

-¿Qué queres que te cuente?-preguntó.

-Sobre tu vida… haber háblame de tu familia.-respondió con una sonrisa.

-Mira, mi mamá y mi papá siguen casados, tienen un matrimonio muy fuerte y se aman mucho, pero están tan metidos en su trabajo que el poco tiempo libre que tienen pasan entre ellos y no me dan mucha bolilla.- contó.

-¿Y vos no te sentís bien en tu casa?-preguntó Natalia.

-No, me gusta tener la casa para mi solo ya que casi todos los días vienen amigos a mi casa, pero a veces me gustaría que estén mas en casa o que me presten atención cuando les hablo, siempre están cansados.-contestó-Ojo, eso no quiere decir que no sean malos padres, me ponen límites pero no saben mucho sobre mí.-

-Yo tampoco paso mucho tiempo con mi mamá desde la muerte de mi papá porque tiene que trabajar para mantenernos, pero me llevo muy bien con ella, con mi papá lo quería mucho, pero nunca fue de prestarme mucha atención excepto cuando era chica.- dijo Natalia bajando la vista, Carlos quiso hablar, pero ella lo detuvo.- No quiero hablar de eso, otro día te voy a contar mas sobre él… ¿y con el resto de tu familia?-

-Por el lado de mi papá tengo dos tíos que son muchos mas grandes que el y viven en España, y también tengo cuatro primos mas grandes pero me llaman constantemente y una vez al año voy a visitarlos, y por lado de mi mama tengo muchos primos y unas dos tías, pero viven en el interior del país pero me llevo re bien, y voy bastante a visitarlos y salgo con mis primos.-contó con una sonrisa.

-¿Y tus abuelos?-

-Mis dos abuelos están muertos desde antes que yo nazca, tengo una abuela viva que se llama Filomena, pero no me llevo bien porque ella es muy estructurada, y hace dos años murió mi otra abuela que era la persona familiar mas allegada a mí- contestó con una sonrisa.

-¿Cómo era tu abuela?-

-Era una persona llena de vida, a pesar de su avanzada edad siempre tenía una sonrisa jovial y estaba informada de lo que pasaba en el mundo, era muy enérgica, hacía yoga y tocaba instrumentos. Y era una excelente abuela, siempre me escuchaba, y me aconsejaba, jugaba a las cartas conmigo y era re cariñosa.-contestó.

-¿Y te choco mucho su muerte?-

-Si, hasta hoy todavía la extraño.- contestó.

 

Un silencio se hizo presente. Se quedaron callados y mirándose. Natalia se mordió el labio y fue a sentarse al lado suyo, acto seguido, lo abrazo.

Esta chica si que es especial, pensó Carlos.

Después de los minutos decidieron volver junto al resto del grupo.

 

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Esa noche, todos se reunieron para festejar la noche buena y dar paso a la Navidad. Natalia se pusó un vestido con escote en la espalda y adelante, que le llegaba arriba de la rodilla. De color rojo y unos zuecos en los pies. Se había pintado naturalmente y había planchado su pelo. Esa noche estaba bellísima y no había pasado desapercibido por Carlos.

La noche transcurrió rápido entre risas y anécdotas, hasta por brindis y cohetes artificiales.

La comida estaba muy rica y el salón para fiestas muy bien decorado. Al final el grupo había decido quedarse a festejar Navidad en el Campamento, ya que iban a venir promociones ya egresadas.

Natalia estaba sentada junto a sus amigas quienes compartían mesa junto al grupo de Carlos y el hermano de Natalia.

En una pantalla al fondo pasaba fotos de esas semanas en el Campamento. Se veía a las gentes realmente felices. Carlos se pregunto porque no podía ser de esas personas.

Se perdió en sus pensamientos un buen rato, su sonrisa que había tenido, se había desdibujado y su semblante se había puesto serio.

Miró a Natalia, ella siempre estaba tan alegre. Se notaba que no amaba a nadie. Su presa se había vuelto en contra suya, enamorándose de ella.

-Chicos atiendan acá.- llamaron en el escenario.- En un minuto va ser navidad, vamos a brindar por las intensiones que escribió cada uno.- dijo Nicolás Schneider.

 

Del bolsillo de su elegante traje sacó un papel un poco arrugado.

-Por favor váyanse sirviendo bebida en sus vasos.-pidió.- A ver… brindo por la paz del mundo, porque disfrutemos esta Navidad, por el Campamento, por “Aguante María”.-todos se rieron.- Así dice en el papel… a ver… porque recibamos muchos regalos, porque esta noche rompemos con el fernet, porque el niño Jesús vuelve a nuestros corazones y nosotros volvemos a nacer junto a él, porque la virgen María engendra a nuestro salvador, porque el Campamento reviente… ¡Feliz Navidad a todos!- gritó el director por el micrófono y levanto su copa para brindar. Todos los siguieron, y brindaron.

 

El acto estuvo tan sincronizado como una corografía. Después ya se podía ver a todos felicitándose unos a otros.


-¡Feliz Navidad Carlos!- gritó Natalia levantando su copa.

-¡Feliz Navidad Nati!- gritó Carlos y levanto su copa, brindaron y tomaron el shampag. Después el fue a abrazarla.- Espero que la pases re bien.-

-Vos también.- dijo Natalia contestando al abrazo.- ¿Sabes que suelo hacer por Navidad?- preguntó. Carlos negó con la cabeza.- Pido un deseo, vamos a hacerlo juntos.-dijo tomando su mano.

 

Ambos cerraron los ojos y pidieron sus deseos. Después de un rato, los volvieron a abrir y se miraron con una sonrisa en sus rostros.


-¿Crees que se hagan realidad Carlos?-preguntó acurrucándose en el pecho de él.

-Ojala que si.- contestó y la abrazo por el hombro.- Pero eso depende de vos.- comentó mirando hacia abajo.

-¿Estas bien?- preguntó Natalia. Carlos asintió.- Es Navidad a fuera las penas que todo va a estar bien.- le aconsejó y le dio un beso en la mejilla.- Bueno yo voy a felicitar al resto, nos vemos ahora en la fiesta.-

 

Carlos la vio alejarse hacia sus amigas. Todas se abrazaron, se notaban que se tenían un enorme cariño, pero el sabía que nadie la iba a querer tanto que el la quería.

 

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La fiesta comenzó a las una. Carlos entro con sus amigos y se sorprendió de la cantidad de gente que estaba invitada. La gran mayoría eran ex promociones del Campamento, sus amigos no tardaron en identificar a las chicas con quienes andaban y el se vio solo entre tanta gente.

Se acercó a la barra para pedir unos tragos, y tener mejor vista entre toda la gente. Hasta que la encontró. Ahí estaba Natalia bailando con sus incondicionales amigas Celeste y Roció.

Natalia bailar con sus amigas, miraba a Natalia mover las coderas, miraba el pelo de Natalia agitarse, miraba la boca de Natalia cantar la canción que sonaba, la miraba con su sonrisa y haciendo movimientos sexy. Era todo lo que se le pasaba por la cabeza, el mundo parecía observarlo solamente hacia ella.

Sus pies lo guiaron enfrente de ella. Carlos le toco el hombro y ella se giro a ver quien era. Sonrió al darse cuenta y paro de bailar y se acerco más a él.

-“Ella es un sueño, que te tuvo despierto, un recuerdo leve de esto que siento” le cantó al oído y Carlos se estremeció.

-¿Bailas?- preguntó, ella asintió.

Carlos la agarro fuerte por la cintura, ella levanto sus brazos y movía sus caderas y Carlos la pegaba mas a el.

-“salió a la disco bailar una diva virtual”- le canto Carlosy ella le sonrió.

- “Chequea como se menea”- dijo y Carlos la soltó y ella se movía de una manera que logro impresionarlo.

Natalia se acerco de vuelta a sus amigas y le tiro un beso volador y el le guiño un ojo, pero sin embargo, no se movió de la pista solo para tener mejor vista del espectáculo de Mariana bailando.
La veía divertirse, sonreír, cantar, bailar y el sentía alegría extrema en su corazón.

Después de un rato, tenía ganas de bailar de vuelta con ella pero la imagen que tenía de ella bailando con sus amigas no quería arruinarla. Tendría muchas mas oportunidades de bailar con ella y quien sabe, si de otras cosas más.
La canción “Dont stop the music” paro de sonar y la escena se arruino. Natalia se aparto de sus amigas y se dirigía a la barra hacia… el. Carlos se puso tenso al instante y pero antes de que pueda pensar en algo, ella ya estaba adelante suyo.
- Te veo solito ¿Qué te pasa?- preguntó ella sentándose en la silla de al lado.
- Nada.- respondió un poco irritado. Le molestaba sentirse nervioso por una chica.
- Bueno cuando tengas ganas de hablar búscame.- contestó furiosa ante la respuesta del chico.
Carlos la dejo ir sin decir nada y suspiró al darse cuenta que tenía que alejarse de ella si no terminaría enamorado. Y según lo que le enseño su vida es amor= dolor.

 

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